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Aunque a menudo el presidente Vicente Fox habla con orgullo paternal del Plan Puebla Panamá, todo el mundo sabe que la autoría intelectual del PPP no está en México, sino en Washington.
Se conoce que es un elemento del plan geoestratégico norteamericano para complementar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), firmado en 1993 por EEUU, Canadá y México, el cual, a su vez, sería un elemento impulsor del proyectado Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Por otro lado, como refiere el periodista Pedro Echeverría, el propósito de los EEUU con el PPP es intervenir en el conflicto político y social de México. El proyecto tiene implicaciones contrainsurgentes, forma parte de una pinza para liquidar la rebeldía antineoliberal que estalló en 1994 en Chiapas y que ha tenido y tiene repercusiones en otros estados mexicanos.
El superobjetivo es imponer y favorecer a las transnacionales del petróleo (muy ligadas a la administración Bush); facilitar la privatización de las terminales aéreas y portuarias, la energía eléctrica, el agua, el gas y el petróleo y, principalmente, apoderarse sin restricciones de las enormes riquezas en biodiversidad de la selva Lacandona, los Chimalapas en Oaxaca, y el Corredor Biológico Mesoamericano, que llega hasta Panamá.
Esta es una inmensa zona que supera el millón de kilómetros cuadrados, habitados por 64 millones de personas, de las cuales 14 millones son indígenas que una vez más serían desarraigados de sus comunidades.
El gobierno de Fox no cesa de presentar al PPP con un lenguaje de puro marketing, pero al final de las demagógicas promesas de desarrollo y bienestar, aparece la verdad: el propósito es “consolidar a Mesoamérica como receptora del capital privado".
Dentro del PPP están implicados los gobiernos de México, Guatemala, El Salvador, Belice, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá y dentro del área mexicana comprende los estados Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán (el Norte de Yucatán), sumando además a Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Veracruz; una zona donde se extrae más del 90 por ciento de la producción petrolera nacional.
Es a Estados Unidos a quien conviene la conversión del territorio mexicano y de toda Centroamérica en un inmenso istmo atravesado por numerosos corredores de ciudades y vías de transporte, llenas de maquiladoras locales que aprovechan la mano de obra barata. Los bajísimos salarios que se pagan en el norte de México (1.20 dólar por hora de trabajo industrial) se convierten en salarios del miedo en regiones como Honduras, Guatemala o El Salvador donde el salario apenas alcanza los 25 centavos de dólar la hora.
En definitiva, el PPP vendría a ser sobre todo un gran negocio para el imperialismo a la vez que una ruina para el pueblo mesoamericano y para toda Nuestra América, teniendo en cuenta la depredación de la naturaleza, el abaratamiento de la fuerza de trabajo y el componente militar bajo el mando de Estados Unidos, de índole represiva y contrainsurgente que se instalará en el área.
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