El dominio estadounidense fija los ojos en Centroamérica. Padre del ALCA, el TLCAN ya ha dejado lecciones que los latinoamericanos deben aprovechar.
Pronto, las maquiladoras se extenderán por el istmo centroamericano, en un negocio casi totalmente norteamericano que financian unos 50 poderosos bancos estadounidenses, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.
El proyecto se enmarca en las falsas bondades que promete el Plan Puebla Panamá, uno de los más recientes programas ideados por Washington para seguirle sacando el jugo a Latinoamérica.
De la noticia es portador un estadounidense que vive la mayor parte del tiempo en California, pero con frecuentes estancias en la vecina nación azteca. Desde la Red de Solidaridad con México, al estadounidense Tom Hansen se le han revelado mejor, y desde adentro, los engañosos lazos que aparentemente, desde el punto de vista oficial, unen más hoy a los gobiernos de ambas naciones.
“PPP: puras pinches pendejadas”. Así, cuenta, llaman en México al Plan Puebla Panamá, denunciado en el II Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA como complemento del Plan Colombia para garantizar el dominio total de la región. En esa estrategia, la llamada Área de Libre Comercio constituye, ya se sabe, sofisticada herramienta. La mano de hierro de la anexión bajo guante de seda.
“Lo que están creando con el Plan Puebla Panamá, desde México a toda Centroamérica, es una infraestructura gigantesca de carreteras, ferrocarriles, trenes, puertos y aeropuertos. Pero no serán para las personas que viven allí, sino para las transnacionales.
“Ellos ven al istmo de las Américas, en términos generales, como un puente entre el oriente, en particular, China, y la costa atlántica de Estados Unidos, donde se encuentra el grupo de consumidores más importante del mundo. Por tanto, tienen que crear un puente ahí.
“Es mucho más fácil enviar la mercancía por partes, desarmada. Y con las maquiladoras, podrían volver a armar los productos que lleguen y, después, exportarlos a través de ese trocito de mar que todavía existe entre el istmo y EE.UU.”
Duras lecciones
Tom Hansen no es un desconocido en Cuba. Desde los años 90, su figura junto a la del reverendo Lucius Walter, coordinador del proyecto IFCO y de las Caravanas de la Amistad con la Isla, su figura fue frecuente en los medios cubanos.
Ahora, desde la Red de Solidaridad con México, su presencia en el foro que tiene lugar en La Habana, tiene el propósito de alertar.
“ Tenemos mucha experiencia sobre tratados de libre comercio desde que entró en vigor el TLCAN entre EE.UU., Canadá y México. Y las lecciones que hemos aprendido del TLC las podemos compartir con los compañeros en Centroamérica, el Caribe y América del Sur.
“Hoy, en México, todo el control del TLC y de ese programa neoliberal impuesto, lo tienen 200 ó 300 transnacionales, inmensas corporaciones que garantizan el poder de los grandes capitales. La mayoría de la gente no tiene potestad de decidir cómo organiza su vida.”
Pero los resultados, dice, tienen saldos aun más tristes: “un incremento del desempleo en México que ha provocado que más de un millón de campesinos, impedidos de sobrevivir con la agricultura, se vea forzado a emigrar a las ciudades para buscar trabajo en el sector informal. Si no, van para EE.UU. Cada vez son más los que parten hacia territorio, donde carecen de todos sus derechos; ni siquiera les pagan salarios mínimos.”
Según Hansen, la modernización de las fronteras, anunciada con pompas durante el encuentro sostenido por los presidentes de México y Estados Unidos a mediados de este año, solo ha provocado nuevas desgracias.
No ha sido más que un pretexto para invertir en computadoras y sistemas de radares “para que puedan pasar camiones y mercancías. La gente no”, dice.
Le sobrecoge el saldo de muerte que se verifica en la faja de tierra que separa a ambos países: desde 1995 a la fecha, 2 300 mexicanos han perdido la vida en el intento.
“Los están empujando a los pasos más inhóspitos para la travesía: al desierto y a pie. Eso es lo que da el famoso proceso de modernización…”
Interrogado sobre las pretensiones del gobierno de Vicente Fox de lograr nuevos acuerdos migratorios con Estados Unidos a tenor de la cercanía que exhibe en los últimos tiempos la política exterior de ambos gobiernos, Hansen se muestra escéptico.
“No tenemos muchas esperanzas, afirma. Si Fox logra lo que quiere, vamos a tener otro programa Bracero, aquel plan que empezó en 1942 y terminó en el 64: un programa que intentó legalizar la entrada de los inmigrantes mexicanos para trabajar en las cosechas estadounidenses, y que identificaba el trámite como “entrada de huéspedes”.
“Pero vivían como esclavos. No podían cambiar de puesto laboral y estaban afiliados a una sola empresa con sueldos miserables, sin derecho a moverse, viviendo en condiciones horribles. Sin ningún derecho civil o legal.
“Legalizados, pero bajo condiciones muy estrictas. Eso es lo que quiere Fox: entrada de trabajadores temporales o “entrada de huéspedes”. No está planteando pedir para los mexicanos, los derechos que disfruta el comercio en las fronteras.
“Y eso es lo que exigimos nosotros: amnistía para los indocumentados que están en Estados Unidos y su legalización.”
(Fuente El Economista, Cuba. Tomado de Pacificar, 7 de julio de 2004) |