Acabo de regresar con una delegación de un viaje a el Putumayo patrocinado por el Colombia Support Network. Entre los propósitos de este viaje estaban el fomento de un mejor entendimiento sobre la situación que atraviesa el Putumayo; obtener conocimiento de primera mano sobre las repercusiones que la fumigación esta teniendo sobre la región; y ser testigo de la violencia perpetrada por las fuerzas armadas colombianas, que cuentan con 10 000 soldados entrenados en la Escuela de las Américas, en conjunto con los grupos paramilitares, que son responsables de mas del 70% de las masacres que han ocurrido en Colombia en los últimos dos años. Las fumigaciones hacen parte de la campaña antidrogas dentro del "Plan Colombia", un programa multimillonario desarrollado por el gobierno colombiano con el supuesto propósito de darle solución a los múltiples conflictos que aquejan el país. Hasta la fecha, el gobierno estadounidense ha destinado 1.3 mil millones de dólares como asistencia a este proyecto, en las que colabora principalmente con entrenamiento bélico, helicópteros, y costos relacionados con las fumigaciones, en las cuales obtendrán grandes ganancias corporaciones de armamento y químicos estadounidenses. Ya se han recibido noticias de peticiones de parte del gobierno colombiano a los Estados Unidos para otro gran monto de colaboración financiera para el futuro.
Durante nuestra estadía, los integrantes de la delegación tuvimos la oportunidad de reunirnos con una variedad de líderes comunitarios, entre los cuales estaban dirigentes de comunidades indígenas del Putumayo, líderes religiosos, funcionarios gubernamentales y oficiales militares, el director del Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y la embajadora estadounidense en Colombia.
En nuestras reuniones y visitas en del Putumayo, se nos hizo evidente la naturaleza indiscriminada de la campaña de fumigación, la cual no solo estaba dirigida hacia los cultivos de coca (cuya hoja es utilizada para la producción de cocaína), sino que erradicaba también cultivos de pancojer y plantas medicinales además de contaminar las fuentes de agua. El herbicida gliphosato, (conocido también bajo el nombre de "round-up") es producido y fabricado por la corporación de químicos estadounidense Monsanto. Este herbicida se utiliza de manera altamente concentrada en Colombia, haciéndola capaz de eliminar totalmente un cultivo de pancojer en solo una aplicación aérea. La negligencia de la campaña de fumigación no solo ha tenido consecuencias desastrosas en términos ecológicos y de salud para la región, sino que ha contribuido de manera considerable al incremento de la expansión de cultivos de coca en toda Colombia.
Mientras que paradójicamente en Perú y Bolivia se esta llevando a cabo la erradicación de la coca, se ha visto en Colombia un incremento instantáneo en la producción y control de este narcótico en Colombia por el cartel de Medellín. Un entendimiento económico básico, además de nuestra propia experiencia histórica, nos permite llegar a la conclusión de que donde halla demanda por parte del consumidor, especialmente en el caso de una droga ilícita, siempre existirán aquellos que encuentren la manera no solo de proveerle este producto al mercado, sino de obtener una alta ganancia en este proceso.
Entre 1984 y 1998, se cultivaron aproximadamente 45,400 hectáreas de coca. Con el fin de erradicar estos cultivos, se fumigaron m á s de 140,800 hectáreas no solo de coca, sino de cultivos pancojer y de selva tropical. El departamento anti-narcótico estadounidense solo pudo sostener que dicha fumigación había tenido una efectividad del 15% en los cultivos ilícitos, pero que las repercusiones se extendían mucho más allá de la destrucción fracasada de los cultivos de coca. Las fumigaciones no solo provocaron una gran devastación ecológica, sino también produjeron un alza en la industria cocalera de más del 100%. En 1999, existían más de 101 000 hectáreas de cultivos de coca en Colombia. Mientras más los Estados Unidos invertía millones de dólares para el derrocamiento de los carteles, más fuerte surgió una redistribución del poder entre los narcotraficantes en Colombia. De la misma manera, los grupos paramilitares se involucraron de una manera más fuerte en el tráfico de drogas para fortalecer sus filas e incrementar sus activos y capacidad de influencia. Al expandirse dentro del narcotráfico, y con la colaboración y auspicio de las fuerzas militares colombianas, los paramilitares crecieron de 4,000 en 1995 a más de 8,000 en el 2001.
La coca es un negocio altamente lucrativo para un gran número de actores. Además de los grupos paramilitares, quienes se financian en su mayoría con dineros obtenidos por la industria cocalera, los grupos guerrilleros también se han visto beneficiados al promover el mercado de la coca. Pero, mientras que muchos de los grupos guerrilleros promueven reformas sociales que benefician a la población pobre y marginal (el 80% de la población colombiana vive en condiciones de miseria o pobreza absoluta), los paramilitares apoyan un sistema controlado por una minoría adinerada, y promueven los intereses de los Estados Unidos y las multinacionales, para explotar a los pobres y controlar los recursos naturales del país.
Los narcotraficantes colombianos lavan sus millonarias ganancias generadas por el tráfico de drogas a través de la compra de amplios terrenos, muchos de los cuales están habitados por los grupos indígenas de la Amazonía. Algunos de estos recursos también son invertidos en las industrias ganaderas, petroleras y de madera, mientras que otros son invertidos para promover la creación de otros cultivos de coca. Este proceso no solo asegura el constante flujo de dinero y bienes, sino también extiende las relaciones y el poder de las fuerzas armadas colombianas. Las fuerzas militares se ven fortalecidas para intensificar su violencia hacia los pobres, que se manifiesta en la tortura, matanza y desplazamiento de miles de personas. Se estima que anualmente 300,000 personas se ven forzadas a emigrar de sus hogares a causa de la violencia.
La industria de la coca no solo es lucrativa dentro de Colombia, sino también le da la oportunidad a los Estados Unidos y corporaciones multinacionales a beneficiarse con el pretexto de la "guerra contra las drogas". Por ejemplo, entre 1994 y 1998 se invirtieron 27 millones de dólares, de los cuales 20 millones fueron una ganancia directa para Monsanto. La ineficiencia de dicha campaña fue justificada por el gobierno estadounidense por el exceso de lluvia en la región, lo cual provocó un incremento en la aplicación de glifosato. Adicionalmente, se produjeron nuevas investigaciones de las que surgieron agentes biológicos (por ejemplo--hongos con alteraciones mutativas) con mayor capacidad de adherimiento a la vegetación, que igualmente produciría un mayor impacto catastrófico sobre las selvas tropicales, la vida acuática, los animales, y la población civil, quienes ya experimentaban de manera continua un constante bombardeo de toxinas químicas. El último resultado de esta fallida campaña de fumigación ha sido el paquete militar de 1.3 mil millones de dólares hacía Colombia, de los que un 70% permanecerá en manos de corporaciones estadounidenses dedicadas a la producción de armamento y químicos. Cabe anotar que solo un 1% de este dinero estará destinado hacía el proceso de paz.
Corporaciones como United Tech y Sikorsky obtendrán ganancias de millones de dólares por la venta de helicópteros Hueys y Blackhawk. Otras compañías, como la Rockwell y la MRPI, se verán beneficiadas por los sistemas de vigilancia y la venta de mercenarios respectivamente. Muchas otras compañías obtendrán ganancias por múltiples razones, y estas compañías, en conjunto con las fuerzas militares estadounidenses, emprenderán una guerra biológica dirigida hacía la población civil, que en últimas solo le traerá males a Colombia, empujando esta nación hasta los limites de la más despreciable adversidad hasta que su población grite "Tío”. Y ahí estará Sam para seguir explotando y diezmando al pueblo y sus recursos naturales hasta el punto en el que el país no podrá restaurar un equilibrio y lograr la paz.
En 1997, un documento del Pentágono afirmó que el propósito de las fuerzas militares estadounidenses "es de proteger intereses e inversión estadounidense". El componente secreto del involucramiento de los Estados Unidos en la "guerra contra las drogas" es la de obtener y controlar la gran variedad de recursos naturales en Colombia, como son el oro, la plata, el cobre y el petróleo (de este último se estima que existen en Colombia 260 billones de barriles en reserva). Mientras continúe este robo y violación incontrolable de la tierra, Colombia, que cuenta con la mayor diversidad de vida animal en el mundo, perderá especies animales y vegetales, quizás hasta el punto de extinción, de una manera calamitosa.
A mi llegada al Putumayo, me invadió un profundo sentimiento de misteriosa incertidumbre. Esta sensación no fue provocada por el gran número de arcones, o las miradas de tantos soldados armados que mantenían la guardia. No, lo que más me atormentaba del Putumayo, esta majestuosa región amazónica que yace entre Perú y Bolivia, fue su silencio. A pesar de que había perros callejeros y caballos carreteros en las calles, los únicos animales que vi fueron un toro muerto en un barranco, y dos micos solitarios en un árbol con poco follaje. Es más, el único lugar donde vi que pájaros sobrevolar en las alturas fue en una pista de aterrizaje militar, mientras que esperábamos la llegada de nuestro helicóptero.
En esos momentos, mientras que fijaba mi vista sobre un pájaro que estaba en un cable, en el cielo se hacían visibles a la distancia cuatro aviones en formación. Los aviones disparaban nubes, provocando el grito de alguien que exclamo "esos son los aviones de fumigación!" cuando trate de volver la mirada hacia el pájaro, me di cuenta que ya no estaba. Y solo pude pensar en cuántos pájaros emprenderían vuelo y se verían bañados en químicos tóxicos, cuántos niños serán rociados inconscientemente mientras juegan en los campos, cuántas madres bañarán sus bebés con agua nociva, y cuántos campesinos cosecharan sus cultivos y los encontrarán destruidos.
La población infantil está desarrollando problemas respiratorios a un nivel alarmante. Hay también un incremento de los problemas visuales entre los campesinos y la población indígena, y algunos muestran lesiones en la piel que son producto del contacto directo con la fumigación. El Dr. Francisco José Ruíz, del Ministerio del Medio Ambiente, quien supervisa el impacto del gasto público de la fumigación, afirmó que hasta la fecha no se ha desarrollado ninguna investigación entre la relación de las fumigaciones con estos problemas de salud. "Esta es una negligencia directa", afirma Ruiz.
No debe ser motivo de sorpresa que las lecciones que los Estados Unidos ha obtenido sobre el uso de productos como el insecticida químico DDT y otros tóxicos ambientales no hayan tenido influencia en la producción, investigación, y producción del glifosato. En respuesta al libro "Silent Spring" escrito por la científica estadounidense Rachel Carson en el que alerta al público acerca de los peligros de los pesticidas, la compañía Monsanto publico "The Desolate Year", en la que parodiaba a los Estados Unidos como una nación infestada por insectos si llegara a no utilizar el DDT. Vale la pena anotar que durante la guerra de Vietnam, fue la compañía Monsanto quien produjo el agente naranja. Como en el caso colombiano, este producto tóxico se dejó caer en selvas y fincas agrícolas para matar vegetación y cultivos. Desde ese entonces 500,000 bebés han nacido en Vietnam con deformaciones dioxínicas, y el gobierno estadounidense ha tenido que pagar 180 millones de dólares en compensación a los veteranos estadounidenses incapacitados por este veneno. Como en el caso de Vietnam, en Colombia se esta desarrollando una guerra biológica. Durante una reunión con el Dr. Gonzalo de Francisco, quien esta a cargo de la campaña de fumigación en Colombia, los integrantes de la delegación le expresamos nuestras inquietudes sobre los graves problemas de salud que afrontaban los campesinos e indígenas de Putumayo a raíz de las fumigaciones. El Dr. Francisco, en lugar de ofrecer una respuesta a nuestras preocupaciones, dijo que estos problemas de salud eran producto de la ignorancia de los campesinos, sugiriendo que eran provocados por el mal uso de los pesticidas que los campesinos utilizaban para sus propios cultivos. Esta disposición irrespetuosa y condescendiente de parte del Dr. Francisco no logra explicar por qué las poblaciones indígenas e infantiles, quienes no acostumbran a utilizar pesticidas, tienen los mismos problemas de salud que los campesinos.
En La Hormiga, un pueblo del Putumayo, pudimos presenciar los efectos del glifosato en los cultivos de pancojer. Estas fumigaciones habían destrozado cultivos de yuca, maíz, y banano, mientras que los cultivos adyacentes de coca no solo lograron sobrevivir, sino que mejoraron. Hasta los árboles de caucho de los cultivos alternativos promovidos por el gobierno no se salvaron. Después de cinco años de cuidado, estos árboles, al igual que muchos cultivos lícitos, fueron destrozados por las fumigaciones. De manera opuesta, los cultivos de coca son muy resistentes, y como la maleza, logran sobrevivir bajo las condiciones más extremas.
Cerca del término de nuestra reunión con el Dr. Francisco, le entregamos páginas de información que nos habían facilitado los líderes comunitarios en Putumayo. En este material se encontraban documentos sobre las mil hectáreas de cultivos de pancojer que habían sido destruidas y sobre los cientos de animales, principalmente cabezas de ganado, que habían muerto a causa de las fumigaciones. El Dr. Francisco volvió a tratar de ofrecer alguna disculpa hacia nuestras preocupaciones, afirmando que él también había obtenido información parecida a la que le estábamos diciendo, pero que pensaba que esta era en su mayoría bastante exagerada. Sin embargo, en esta ocasión lo confronté con material audiovisual que revelaban el nivel de destrucción de los cultivos de pancojer producidos por la fumigación en Putumayo. Mientras más observaba el video y mientras más evidente se le hacía la verdad ante sus ojos, eran menos válidos los puntos con las que trataba de contrarrestar nuestros argumentos. Al final de nuestra reunión, era obvio el impacto que le había producido el video, y nos aseguró que estudiaría este asunto de una manera mas detenida.
Los Paramilitares
Muchas de las personas con las que nos reunimos nos contaban historias de horror sobre las desapariciones, torturas, y masacres llevadas a cabo por los grupos paramilitares. Una mujer nos contó sobre la pérdida de sus cuatro hermanos que fueron objetivo militar de los paramilitares y por lo tanto asesinados por los mismos. Pude ver fotografías de matanzas paramilitares en las que los cuerpos habían sido mutilados, las caras destrozadas, cabezas decapitadas, y torsos cortados por la mitad.
En el transcurso de los últimos dos años los paramilitares han sido responsables de más del 70% de las masacres en Colombia. Hubo un incremento del número de victimas paramilitares de 30 en 1997 a mas de 500 (en comparación de 164 por parte de la guerrilla) en el 2000, en más de 75 masacres. La población de Putumayo se da cuenta de que los militares y los paramilitares trabajan como una fuerza unida, actuando con una impunidad del 100%. En una reunión con el Dr. Alfonso Gómez Méndez, el Fiscal General de Colombia, este expresó una frustración completa con el sistema judicial colombiano. Hasta la fecha, hay 40 órdenes de captura para Carlos Castaño, la cabeza de las fuerzas paramilitares, pero el Fiscal Gómez expresó que difícilmente se podrá capturarlo. Al hablar con el general Fernando Tapias, comandante general de las fuerzas militares colombianas, y preguntarle porque no se había dado la captura de Castaño, este respondió que Castaño era bastante elusivo, que era difícil seguirle la pista, y que contaba con la protección de su propio ejército. Sin embargo, después de hacer esta afirmación, el comandante Tapias afirmó saber exactamente dónde quedaba la residencia de Castaño.
Durante nuestra estadía en el Putumayo, el epicentro del Plan Colombia, se nos invitó a sobrevolar la región en un helicóptero militar. El General Montoya, un antiguo instructor y estudiante egresado de la Escuela de las Américas, y el actual comandante de la Brigada XIV, encargada de todas las operaciones militares en Putumayo, fue nuestro guía. La Brigada XIV es conocida por sus violaciones a los derechos humanos. Al regresar a los Estados Unidos, me di cuenta de que Montoya (quien se menciona en el libro "Terrorismo de Estado en Colombia", 1992) era acusado de tener nexos directos con el grupo paramilitar conocido como los Triple A. Durante una reunión con la embajadora estadounidense Ann Patterson, ella nos hizo saber que la Brigada XIV no iba a recibir los recursos del Plan Colombia por sus abusos a los derechos humanos. La embajadora también insistió que ningún dinero o armamento incluido en el paquete militar se pondría en disposición de la Brigada, a pesar de que el general Montoya es el encargado de toda la actividad militar en la región del Putumayo.
En su reporte del 2000, Human Rights Watch menciona numerosos casos en que oficiales egresados de la Escuela de las Américas tenían nexos directos con los grupos paramilitares. Es más, cuatro comandantes de distintas brigadas, entre las que se cuenta una unidad de inteligencia, fueron los responsables de numerosas atrocidades entre 1997 y 1999. Hubo varias operaciones encabezadas por estos oficiales en asociación con los paramilitares en las que se utilizaron tácticas como tortura y el desmembramiento de cuerpos. Colombia es un país atormentado por la violencia, violaciones a los derechos humanos, y el narcotráfico, y sin embargo cuenta con más que el doble de soldados egresados de la Escuela de las Américas que cualquier otro país latinoamericano.
Como se mencionó anteriormente, los paramilitares se sostienen en gran parte gracias al tráfico de drogas. Esto ha provocado una contra-reforma agraria que ha tenido serias consecuencias sociales en Colombia, en especial para las poblaciones indígenas. Mientras más se extienden los cultivos de coca en la región y se incrementan las fumigaciones, más son las hectáreas de bosque natural que son destruidas, entre las cuales son erradicadas plantas medicinales utilizadas por las comunidades indígenas. Además de esto, las comunidades indígenas, quienes en un pasado fueron mayoría en regiones como Putumayo, se han convertido en minoría.
Muchos de los colonos que han emigrado hacia esta región ven la coca como una fuente de ingreso fácil de producir. Ya son tres las generaciones de campesinos que han trabajado en el cultivo de la coca, y para muchos, este es el único cultivo que conocen, y por lo tanto, no quieren ni pueden perder este ingreso. Cabe anotar que la coca es un cultivo que se puede cosechar cuatro veces al año, lo que garantiza un ingreso constante. Es por eso que cuando se destruye un cultivo de coca con la fumigación, muchos campesinos cortan selva natural (en una relación del 1:2) para abrir nuevos terrenos para poder continuar el cultivo de la coca.
Los grupos paramilitares ejercen terror en contra de cualquier individuo o comunidad que no les ofrezca su apoyo. Para los paramilitares, cualquier persona que apoye a los grupos guerrilleros, ya sea de manera activa, pasiva, o presunta, se convierte en objetivo militar. Llevan a cabo asesinatos selectivos además de masacres indiscriminadas para aterrorizar a los que tienen y no tienen relaciones con la guerrilla.
El verdadero propósito de los grupos paramilitares es la "limpieza" de la zona, en especial de la población indígena, para provocar la migración masiva de esta población a otras regiones. Una vez que estas comunidades han sido desplazadas, los paramilitares se apoderan de los territorios abandonados, en los que también permaneces los informantes paramilitares. Cuando se logran establecer, se dedican a exhortar a la población para cubrir los costos de "seguridad". Si los habitantes no cumplen con este cobro, corren el riesgo de morir bajo el pretexto de colaborar con la insurgencia.
Los grupos paramilitares han desarrollado un equipo de coordinación central para "combatir la subversión". Este tiene por nombre las Autodefensas Unidas de Colombia, y tiene como líder a Carlos Castaño. Este cuerpo coordinador de los paramilitares tiene como objetivo convertirse en un movimiento anti-guerrillero nacional con reconocimiento político por parte del Estado colombiano y los funcionarios gubernamentales encargados de desarrollar los procesos de paz con los grupos guerrilleros. Bajo el pretexto de buscar un reconocimiento estatal para ser una voz dentro del conflicto armado, esconden su naturaleza criminal bajo el falso ideal de estar construyendo una alternativa política.
No es sorprendente que el epicentro del Plan Colombia y de las fumigaciones no sea la región de más alta actividad paramilitar, sino los territorios controlados por la guerrilla. La razón es que la iniciativa del gobierno estadounidense, al darle a Colombia más de mil millones de dólares, no fue la de verdaderamente combatir "la guerra contra las drogas" sino de asegurar los intereses de los Estados Unidos y de las inversiones multinacionales en este país. Para lograr este objetivo, los Estados Unidos han establecido estrechos lazos y le ofrecen apoyo a los militares y sus agregados. Y con el apoyo estadounidense, los paramilitares actuarán con la más completa impunidad, sin piedad alguna hacia la vida humana. Al ignorar las condiciones de derechos humanos incluidas en el paquete militar necesarias para su desembolso, revela por parte el presidente Clinton, y lo más probable es que también el nuevo presidente electo George Bush, una complicidad con el genocidio.
Es esencial lograr educar al público estadounidense, y en especial los miembros del Congreso, sobre la situación en Colombia. Es necesario que los parlamentarios entiendan las implicaciones de la fumigación y que consideren las consecuencias socioeconómicas y el nivel de destrucción ecológica y violencia que esta produce.
¿Cómo puede los Estados Unidos justificar el desembolso de 1.3 mil millones de dólares recaudados en impuestos que impone a la población estadounidense a un país que se encuentra entre los más corruptos y violentos el mundo? La "guerra contra las drogas" ha remplazado al comunismo como el Nuevo enemigo regional. A nadie en Colombia se le escapan los verdaderos objetivos de los Estados Unidos en su país, y en los Estados Unidos, a través de constante difusión de información, también se podría lograr este nivel de conciencia en la población. Para nosotros, las declaraciones de los grupos de base y hasta de los altos funcionarios del gobierno colombiano nos hacían entender que la fumigación era una imposición hecha por los Estados Unidos. El problema de las drogas no es un problema colombiano, sino un problema producido por los consumidores estadounidenses y que debería ser tratado como tal.
No importa cuántas hectáreas de coca sean eliminadas a través de las fumigaciones, ya que siempre surgirán casi que el doble de nuevas hectáreas en áreas deforestadas. Y al final, una vez que se haya destruido toda la selva, se hayan erradicado todas las plantas medicinales, y se hayan desplazado todos los grupos indígenas, lo que permanecerá será tierra estéril en la que las compañías petroleras podrán tener cancha abierta para terminar de purgar al Amazonas. Un líder indígena nos dijo: "Los Estados Unidos nos está explotando y atacando, pero al mismo tiempo ellos son los que se están matando ya que le están quitando los pulmones al mundo." Otro líder indígena nos pidió lo siguiente, "les rogamos que sean nuestras voces, ya que no solo nos están desplazando, nos están exterminando."
Parte de la solución a esta situación, que cuenta con el apoyo no solo del campesinado sino también del vicepresidente colombiano, es la erradicación manual de los cultivos de coca. Se estima que un trabajador en diez días podría erradicar manualmente hasta una hectárea de coca. Hasta los cultivadores de coca apoyan esta alternativa si pueden obtener un ingreso suficiente para mantener a sus familias. Desafortunadamente, el programa para el desarrollo de cultivos alternativos solo le paga al campesino aproximadamente dos millones de pesos anuales, solo da un plazo ridículo de un año no solo para erradicar la coca sino para producir también un cultivo alterno. Con más financiación, tiempo, y asistencia técnica, este programa podría salir adelante.
A pesar de que la coca se da fácilmente en la zona selvática, muchos otros cultivos no sostienen este mismo beneficio. La tierra solo cuenta con una pequeña capa orgánica que depende del bosque para su producción. Sin la selva tropical, esta capa orgánica desaparece ya que no hay descomposición de material orgánico. Además, la precipitación ya no es obstaculizada por la densidad selvática, lo cual también contribuye a la erosión de esta capa y se disminuye el ciclo de vida que esta puede sostener. Por lo tanto, para mantener la integridad biológica de la región, es necesario apoyar los sistemas de agricultura sostenible y alternativa, y no las que contribuyan a la destrucción de la selva natural.
Se debe apoyar las iniciativas de implantación de erradicación manual y desarrollo de cultivos alternativos. Uno de los obstáculos a que se utilicen estas alternativas es que los Estados Unidos insiste en no apoyar los programas alternativos hasta que el gobierno colombiano logre controlar al grupo guerrillero de las FARC. Sin embargo, las FARC se rehúsan a completar el proceso de paz hasta que el gobierno cese todas sus conexiones con los grupos paramilitares. Pero el tamaño y poder de los grupos paramilitares continua creciendo sin ningún final visible. Esto a producido una gran oposición al Plan Colombia por parte de organizaciones dentro de Colombia, los Estados Unidos, y otros países del mundo. Colombia ya no se está convirtiendo en otro Vietnam o en otro El Salvador - ya es algo por sí solo, denominado "Plan Colombia".
El Plan Colombia está destruyendo la Amazonía, que es el pulmón del mundo. Ha tenido un grave impacto en la población pobre, campesina, e indígena de esta región. Por favor contacte a sus representantes estatales en el congreso e insista que los 1.3 mil millones de dólares del Plan Colombia sean utilizados para restaurar la ecología de la selva tropical, y para instaurar programas de desarrollo social y agricultura sostenible que enriquezca y no destruye a la región del Putumayo.
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