Oportunidades y desafíos para la izquierda
Por James Petras
 
A corto plazo ("la coyuntura") la izquierda enfrenta todo el impacto de la contraofensiva imperial de Washington, con todo lo que implica en términos de más belicosidad, más amenazas y más servilismo de las elites clientes gobernantes. Sin embargo, aunque este nuevo esfuerzo de "reconquista" dirigido por los militares ha comenzado, encuentra serios obstáculos prácticos, ideológicos y políticos.

Por una parte, la ofensiva tiene lugar en medio de un importante resurgimiento de la izquierda en varios países estratégicos y un serio debilitamiento en las economías neoliberales. En Colombia, Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia, han emergido poderosos movimientos político-sociales y han consolidado su influencia en importantes electorados populares, mientras los respectivos regímenes clientes están profundamente desacreditados, en muchos casos con cifras de popularidad de un solo dígito.

Esta situación presenta peligros y oportunidades. Peligros provenientes de la respuesta crecientemente militarizada y represiva de Washington que es coreada por sus regímenes clientes en América Latina, como lo demostraron en la Declaración de la Conferencia Iberoamericana del 23 de noviembre de 2001 sobre el terrorismo (La Jornada, 24 de noviembre de 2001.) Las oportunidades provienen del hecho que la izquierda resurgente no ha sufrido una derrota mayor en este período (comparando con 1972-1976) y está en una posición sólida para pasar de la protesta al poder. Los regímenes neoliberales no han encontrado mercados externos para sostener la producción interna, y no han ubicado nuevos flujos de capital para compensar las vastas salidas por pagos de la deuda, remesas de beneficios, etc. La prolongada depresión en Argentina es emblemática para la dirección que ha tomado toda América Latina.

La actual crisis es sistémica, porque no sólo afecta a los trabajadores y a los desocupados - porque aumenta la pobreza, el desempleo y las desigualdades - sino por los mecanismos mismos de acumulación del capital. El capital que se acumula en América Latina es depositado en cuentas en el extranjero como "riqueza muerta". Es evidente para cualquiera, con la excepción de los académicos más obstinadamente ciegos, - que no son pocos que digamos- que el neoliberalismo está muerto y que el nuevo sistema imperial neomercantilista no deja sitio para "alternativas de mercado".

Desde esta perspectiva, lo esencial para convertir estas oportunidades objetivas en cambios estructurales sustanciales, es el poder político. Los movimientos sociales han movilizado a millones, han realizado innumerables cambios en el ámbito local, han creado un nuevo nivel promisorio de conciencia social y, en algunos casos, controlan o influencian a gobiernos locales y han logrado concesiones de las clases dominantes mediante la presión de masas. Sin embargo, hay varios aspectos que aún no han sido resueltos por estos movimientos de los que puede decirse que prefiguran una alternativa política al poder estatal.

En primer lugar, los movimientos esposan, desde el punto de vista político, una serie de exigencias programáticas y alternativas -que son positivas e importantes- pero que carecen de una comprensión política de la naturaleza del sistema imperial que se está desarrollando, sus contradicciones y la naturaleza de la crisis.

En segundo lugar, hay falta de unidad, un desarrollo disparejo entre los movimientos urbanos y rurales, entre el interior y la costa; y dentro de algunos movimientos hay rivalidades basadas en personalidades, tácticas, etc. El conglomerado de los movimientos existentes, si estuvieran unificados en un solo movimiento coherente, estaría mucho más cerca de representar un desafío al poder estatal.

En tercer lugar, muchos de los movimientos enuncian tácticas militantes y programas radicales articulados, pero en la práctica se empeñan en una negociación constante para conseguir concesiones muy limitadas, reduciendo así sus movimientos al nivel de grupos de presión dentro del sistema, en lugar de ser protagonistas en el derrocamiento del régimen. El desafío actual es cómo desarrollar un programa de transición adaptado a las exigencias inmediatas del pueblo, pero que coloque en el centro de la lucha la construcción de una alternativa socialista. El creciente autoritarismo de los regímenes clientes dirigidos por el imperio requiere la formación de movimientos de masas democráticos y antiimperialistas.

La estrategia imperial de militarización de EE.UU. para imponer un imperio neomercantilista requiere mayor capacidad para incorporar a nuevos aliados y hace necesaria la preparación para diversas formas de lucha. Los estrategas imperiales han seleccionado a Colombia como el terreno de prueba para el "Nuevo Imperialismo" porque es el país donde enfrentan el mayor desafío político-militar. Todas las fuerzas reaccionarias del hemisferio han sido movilizadas contra los ejércitos guerrilleros, así como contra los crecientes movimientos de masas. Todos los presidentes peones del hemisferio se han enrolado en la cruzada antiterrorista y las FARC y el ELN han sido identificados por el imperio como terroristas. Éxitos militares en Colombia acelerarían y alentarían la conquista militar y la colonización de América Latina, tal como sucedió cuando el golpe militar dirigido por EE.UU. en Brasil (1964) fue seguido por invasiones (República Dominicana en 1965) y subsiguientes golpes militares en Bolivia (1971), Uruguay (1972), Chile (1973), y Argentina (1976.)

Una victoria o guerra prolongada contra las guerrillas en Colombia, daría un respiro al resto de la izquierda. Por lo tanto es esencial que se extienda el máximo apoyo y solidaridad posibles a la lucha colombiana. El internacionalismo no es sólo la red solidaria contra la nueva ofensiva militar imperial, en general, sino el apoyo a los campesinos y obreros colombianos, organizados en sus "Ejércitos Populares".

Vivimos en tiempos peligrosos y plenos de esperanzas -peligros de doble filo: para el Imperio y para la izquierda. La lucha continúa.
 
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