Mapas de la hegemonía norteamericana en América Latina
Por Marina Menéndez Quintero

 
 

La intervención, ya se sabe, puede ser descarada o solapada. Directa o encubierta tras los disfraces de presuntos programas de desarrollo que tienen de honestidad, tanto como “libre” será el comercio si hay ALCA.

También en América Latina, la génesis expansionista y hegemónica del Imperio se ha agudizado después del 11 de septiembre. Y, como en el Medio Oriente, la actitud no está avalada solamente por motivaciones políticas.

Disuasión de los cada vez más fuertes movimientos sociales y políticos en la región se une a intereses económicos que buscan garantizar competencia y sobrevivencia. Ambos objetivos están detrás de los afanes de EE.UU. por adueñarse del planeta.

Los hechos estaban ahí, y pudieron ser vistos por todos. Sin embargo, es a través de la mirada analítica de Ana Esther Ceceña, profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México, que pueden apreciarse mejor estas tendencias de la política de EE.UU., y su impacto en América Latina.

Apenas su atinada idea de unir en un mapa los yacimientos naturales más importantes de la región, los lugares de más efervescencia social y las bases o sitios de prácticas militares norteamericanas, bastan para mostrar la incrementada presencia de Estados Unidos en los puntos más neurálgicos... y su “coincidencia”.

Así, “iniciativas” como el criticado Plan Colombia vuelven a revelarse hoy no solo como proyectos contrainsurgentes sino, además, en su carácter de instrumentos encaminados a asegurar el dominio estadounidense sobre recursos naturales como “el petróleo, la biodiversidad, el agua, o algunos minerales muy importantes como el uranio”.

Esos intereses estuvieron marcando “el accionar” de Estados Unidos en la región desde la década pasada, dice, “pero fundamentalmente son las zonas de petróleo y biodiversidad las que más han estado en la mira de EE.UU. en los últimos tiempos”.

Para asegurárselas, Washington adopta dos posturas: una, más apegada al discurso de la búsqueda (para las víctimas) de supuestos beneficios económicos y la otra, con una expresión directamente militar.

“Presuntos programas de desarrollo e inversiones al estilo del Plan Puebla-Panamá —con el que se ofrece resolver el problema de la pobreza y desarrollar zonas atrasadas de América Latina—, están diseñados para ocultar lo que pretenden realmente.

“Proponen, primero que todo, crear infraestructura, carreteras, pero también tendidos de energía eléctrica... y ya sabemos que EE.UU. sufre ahora una crisis energética, tanto petrolera como eléctrica. Esta última, muy importante para ellos porque la industria computadorizada funciona con electricidad: necesitan encontrar fuentes de generación de energía eléctrica rápidamente en áreas cercanas a su territorio.

“Y una de esas áreas es América Central y México: toda la zona que abarca el Plan Puebla-Panamá con el que, en verdad, EE.UU. solo busca resolver sus problemas.

“Además, se trata de los sitios donde están los mayores yacimientos petroleros que hay en México; los de Guatemala, que también tienen cierta importancia, y donde se encuentra la selva tropical del norte del continente.”

No hay tapujos, sin embargo, para actuar en la Amazonía.

Mientras en Centroamérica y México se esconden tras el manto del “desarrollo”, la gran biodiversidad que almacena la cuenca amazónica con sus llamados bancos genéticos; el petróleo abundante de Venezuela y Colombia, tienen ya “vigilantes” mediante la presencia de asesores, radares y bases castrenses implantados por EE.UU. en razón del Plan Colombia, un instrumento que Ana Esther califica “de carácter abiertamente militar”.

Sin embargo, afirma la profesora mexicana, también hay otros mecanismos.

“Ahora el ejército norteamericano maneja la idea de que al enemigo, en vez de combatirlo, hay que disuadirlo. Es decir, impedir que “se forme”. De esta manera, las actividades más importantes dentro del Departamento de Defensa norteamericano, hoy son las de inteligencia.

“Le están apostando mucho más a esas ‘labores' y a una contrainsurgencia que implica no una guerra abierta, sino estas guerras un poco calladas, sordas, pero mediante las cuales siempre están actuando.”

Y en esas guerras EE.UU. actúa con mecanismos que no entrañan solo lo militar, sino también, lo económico.

De Chiapas a Tierra del Fuego

“En Chiapas, por ejemplo, tenemos uno de los focos importantes de la biodiversidad del norte del continente.

“Allí había un interés muy grande de inversionistas nacionales y extranjeros por entrar a la zona de manera devastadora. Pretendían utilizar la biodiversidad directamente en proyectos productivos con el riesgo, incluso, de depredar mucho más lo poco que queda de selvas y, sobre todo, con una agresión muy fuerte hacia las poblaciones.

“Es en esas zonas donde se da la rebelión zapatista.

“Se trata de una selva donde hay biodiversidad, pero también yacimientos petroleros. Un territorio muy rico, y ahí la agresión fue muy fuerte contra las comunidades. “Estas se levantaron, y eso detuvo la entrada de capitales e, incluso, paró en parte la privatización petrolera.

“Esa situación de Chiapas se repite en todo el continente, con diferentes recursos y con sus particularidades.

“En Bolivia están la coca y el gas.

“También podría haber cantidades importantes de petróleo en Argentina. Existe un documento del Departamento de Estado que data de la época de la dictadura, donde se afirma que Argentina tiene 200 000 millones de barriles de petróleo, el equivalente de lo que tiene Arabia Saudita.

“Si eso fuera cierto, Argentina es ‘la gran potencia' petrolera. Y si no, entonces serían Venezuela y Colombia los lugares del cono sur donde hay más petróleo.”

Esos, ya están bajo la mira.

Territorio y Poder

“Pero además, hay otras necesidades”, recuerda Ceceña.

“Y los estrategas norteamericanos tienen una gran virtud: poseen todos los recursos para concentrar y desarrollar las investigaciones. Se han dado cuenta de que el territorio es algo de lo que no se puede prescindir si uno quiere seguir la carrera de la competencia.

“Territorios donde haya petróleo, porque es lo que hace mover todo el sistema productivo mundial; ricos en biota, porque es el recurso de punta en las industrias tecnológicas más avanzadas en este momento. Quien se apropie más pronto de la biodiversidad es quien tiene más rápidamente toda la información que se requiere para investigaciones y aplicaciones de códigos, funcionamiento genético que se puede repetir en sistemas informáticos, todo el trabajo con biochips, el conocimiento genético de la Naturaleza... Y cada lugar donde hay riqueza biótica es un sitio importante, porque no se repite.

“Territorios abundantes en agua, porque es escasísima y en muy corto tiempo va a escasear más...

“La lógica de funcionamiento o de construcción de su hegemonía, es monopolizar esos recursos estratégicos para, a partir de ahí, ‘negociar' con el resto del mundo.

“Pero, cuando se habla de territorio en el capitalismo, los que por definición e historia los garantizan, los que aseguran el control, son los militares.

Dos pájaros de un tiro

Establecimiento de nuevas bases militares o recuperación de otras en desuso, ejercicios militares al estilo de las maniobras Cabañas, en la provincia argentina de Salta, convenios que persiguen la “inserción” de las fuerzas armadas norteamericanas en esos territorios, completan un plan de dominación que, de paso, cumple con el objetivo de vigilar los movimientos populares de la región o, como lo llama Ceceña, “disuadir”, impidiendo “que el enemigo se forme”.

“En Colombia, donde tienen ya la base de Tres Esquinas, es clarísimo; pero en Perú también, donde tienen la base de Iquitos y se ha creado otra nueva. Hay una discusión muy fuerte en el Congreso brasileño porque el gobierno se comprometió con EE.UU. a darles la base de Alcántara, en Maranhao, que es la saliente más pronunciada hacia el Atlántico. Y ahí está la de Manta, en Ecuador, una saliente hacia el Pacífico.

“En Argentina hay también discrepancias y protestas por una base que quieren establecer en Misiones, en la llamada Triple Frontera —el vértice donde se unen Paraguay, Brasil y Argentina—, muy importante desde el punto de vista geopolítico, pero también desde el punto de vista de la biodiversidad.

“Al final, lo que se observa es una suerte de ‘paraguas' que terminaría en Tierra del Fuego, donde desde 1999 hay planes de establecer otra base militar.

“Ya tienen ‘triangulado' todo el territorio latinoamericano.

“Creo que existe hoy mucho de política antisubversiva, porque las resistencias han crecido. Eso crea una situación muy esperanzadora pero al propio tiempo, peligrosa.

“Llegó a un límite el modelo impulsado por Estados Unidos; un límite de ilegitimidad que ya no logra sostenerse. Y ellos tratarán de mantenerlo a como dé lugar”.

(Tomado de www.alcaabajo.cu)

 
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