La posición del presidente de Chile Ricardo Lagos frente a la demanda marítima de Bolivia y Perú es terminante. Para Lagos estos son temas del pasado, aunque así como no reconoce estas peticiones tampoco reconoce las acusaciones de armamentismo que le formula Perú, y minimiza el problema argumentando que las nuevas adquisiciones de las Fuerzas Armadas chilenas tienen como objetivo la reposición de material obsoleto.
El actual reequipamiento militar chileno tiene sus propias motivaciones históricas. Chile, Perú y Bolivia, pero principalmente estos dos últimos, mantienen latente un conflicto de límites marítimos no definido que data de la Guerra del Pacífico de 1879. Ese conflicto aún pesa sobre la región. La Paz y Santiago carecen de vínculos diplomáticos. Además en Bolivia la recuperación de una salida soberana al mar es un reclamo permanente.
Durante la Guerra del Pacífico Chile ocupó la ciudad de Lima durante dos años. A raíz de esa ocupación, Perú aceptó los términos de paz impuestos por los chilenos por el que cedieron a éstos las provincias de Tarapacá, Tacna y Arica, con la condición de que se celebrara un plebiscito, por las dos últimas, a los diez años de la ocupación. Ese plebiscito nunca se llevó a cabo.
Como consecuencia de la guerra, Bolivia dejó bajo administración chilena la provincia de Atacama y el puerto de Antofagasta, convirtiéndose así en un país sin acceso al mar.
Estos temas resurgen en estos días como consecuencia de la crisis política que sufrió Bolivia a fines de 2003, que después de un levantamiento popular acabo con la fuga del presidente Gonzalo Sánchez de Losada. También influye la política de rearme aplicada en Chile, la misma que fuera denunciada por Perú.
Las Fuerzas Armadas de Chile financian sus compras militares a través de la Ley Reservada del Cobre que les da el 10 por ciento del total de las exportaciones de Codelco, la empresa estatal chilena, con un piso de 220 millones de dólares cada año.
Según publicó el diario chileno El Mercurio, debido al precio cambiante del cobre, en la década del '90 y en los últimos años, los militares han operado con el mínimo e incluso bajo el piso como ocurrió en 1993 y 1998.
Para este año, y para el 2005 se prevé aplicar unos 500 millones de dólares, el doble de lo que recibieron en 2003. "Con ese dinero la Armada pagaría sus últimas cuotas por los submarinos comprados en Europa y podría construir un nuevo petrolero. La Fuerza Aérea de Chile (FACH) sumaría otros seis aviones F-16 y el Ejército financiaría el recambio de sus helicópteros de transporte", dice El Mercurio.
En el mismo artículo, el diputado oficialista Jorge Burgos, del partido Demócrata Cristiano, llamó al gobierno a tener prudencia con los ingresos adicionales y a fomentar el ahorro o pagar deudas pendientes. También pidió ser cautos en la compra de armas en un continente que no está comprando y advirtió sobre las renovadas críticas que surgirán en Perú y Bolivia, países que perdieron importantes territorios con Chile durante la Guerra del Pacífico.
La Armada de Chile tiene como objetivo contar con cuatro submarinos, destinados a operaciones de "disuasión regional".
A fines de 2003 fue bautizado en Francia el submarino clase Scorpene O'Higgins, según informó la propia Armada de Chile en su página web. Este es la primera de las dos unidades Scorpene que construye el consorcio Franco Hispano DCN-IZAR para la Armada de Chile. El O'Higgins llegará a Chile luego de efectuar sus pruebas en mares europeos. La segunda unidad de este tipo, el Submarino Carrera, será entregada en el 2005.
Este tipo de submarino es de última generación, con motores diesel de propulsión convencional. Disponen de 6 tubos de lanzamiento para 18 armas de tipo torpedos. Son consideradas naves especiales para operar en misiones oceánicas, antisubmarinas y de lucha antisuperficie.
Según la publicación boliviana El Diario, la Armada de Chile sumó también a su flota tres fragatas tipo Spruance, de fabricación norteamericana, que tienen un valor de 17 millones de dólares. Estas cuentan con misiles Tomahawk, considerados como armas de destrucción masiva. Según dijo un investigador del Instituto de Estudios Políticos y Estratégicos de Perú, Marco Velarde Rodríguez, el mencionado destructor le permitirá a Chile "incrementar su poder naval dentro de su doctrina del Mar Presencial" en la zona.
Anteriormente, Chile había considerado la posibilidad de comprar cuatro fragatas holandesas por 350 millones de dólares, pero optó por la oferta norteamericana. A fines del pasado enero llegó otra fragata de segunda mano, la "Almirante Williams", adquirida a Gran Bretaña por 50 millones de dólares. La Armada de Chile también contrató la compra de dos nuevos submarinos valuados en 450 millones de dólares, que se suman al "Thompson" y al "Simpson".
Por su parte el gran desarrollo industrial del Ejército ha sido el Proyecto Rayo. Según informa el Departamento de Relaciones Públicas del Ejército de Chile este sistema de cohetes opera sobre la base de dos lanzadores múltiples, con capacidad de 12 cohetes cada uno (24 en total), montados sobre un camión militar con tracción en las seis ruedas. El vehículo es operado por 3 efectivos, y fue especialmente diseñado y acondicionado para este propósito.
El mayor inconveniente del Proyecto Rayo es que los cohetes, a diferencia de los misiles, no cuentan con sistema de guiado. Son lanzados en forma simultánea sobre el área deseada. Cada cohete abarca una zona importante que queda devastada. Esto define a estos lanzadores como armas de saturación porque no discriminan el objetivo.
Actualmente, los gobiernos prefieren sistemas más precisos que limiten los llamados daños colaterales, esto es la muerte y daños a civiles. Después de años de estudio y de varias postergaciones, el gobierno chileno autorizó a la Fuerza Aérea a iniciar las negociaciones para la compra de los aviones F-16, artillados con misiles Amraam, fabricados por la empresa estadounidense Lockheed Martín.
Un artículo del Analista internacional Raúl Sohr examina el camino de las FACH hacia la compra de los F-16. "El abanico de opciones considerado por las FACH en su búsqueda de un avión fue desde el avión sueco Gripen al norteamericano F-18, pasando por el francés Mirage 2000-5", afirmo Sohr.
Todo ello, añadió ese especialista, "deja al descubierto la falta de claridad en las intenciones del comprador. En la parte baja de la escala estaba el Gripen de la empresa Saab, una máquina concebida para fines defensivos, un avión pequeño y liviano que puede ser dispersado por el país y apto para despegar desde autopistas".
"En la otra punta del espectro -continúa Sohr, autor del libro de reciente aparición “Las Guerras que nos Esperan”- figuraba el F-18, un avión bimotor empleado en los portaaviones de la Armada de Estados Unidos y diseñado para operaciones de penetración profunda en cielos hostiles, con una gran capacidad destructiva. Por su potencia y autonomía está en la primera línea de las plataformas ofensivas".
La negativa de Chile a dialogar con Bolivia por la salida al mar, y con Perú por los puntos limítrofes pendientes, podrían tomarse como actitudes hostiles por los países de la región.
¿Qué justifica la compra de submarinos, aviones, tanques y fragatas? ¿Contra quién se arma Chile? ¿Hay amenazas inminentes a la soberanía del país? La respuesta del gobierno chileno es categórica. Sostiene que ha llegado la hora de reemplazar equipos obsoletos.
Sin embargo acciones como el envío de mercenarios hacia Irak, a una guerra arbitraria desatada por Estados Unidos que no cuenta con la aprobación expresa de los países de nuestra región, también demuestra un alejamiento de Chile del bloque de países del Cono Sur.
Días atrás Chile envió 60 mercenarios a Irak. Estos son los primeros de un total de 800 que la empresa Red Táctica (una prestadora local de apoyo paramilitar a empresas estadounidenses de Oriente Medio) planea exportar en 6 meses.
Este acuerdo entró en vigencia a raíz de una ley que prohíbe el empleo de militares estadounidenses como guardianes de los intereses de empresas privadas. Según proyecciones de Red Táctica, la demanda alcanzará a los 60 mil hombres.
Un artículo de Ernesto Carmona, de la revista Paralelo 21 expresa que "el reclutamiento de estos ex militares como guardias de seguridad en Irak fue cuestionado por la ministra de Defensa de Chile, Michelle Bachelet. La Fiscalía Militar todavía investiga una probable infracción a la Ley de Armas en los entrenamientos paramilitares que alcanzó a recibir el grupo". El mismo artículo menciona la posibilidad de que muchos militares pidan su baja para enrolarse en esas filas privadas.
El ingreso de Chile al nuevo mercado militar mercenario internacional, dice Carmona en su artículo, revela que los ejércitos corporativos del cine y la literatura de ciencia ficción ya son una realidad. Blackwater USA es un holding de 5 compañías, Blackwater Training Center, Blackwater Target Systems, Blackwater Security Consulting, Blackwater Canine y Blackwater Air.
El aumento de material bélico por parte de un país hace que, inevitablemente, los países de la región aumenten sus presupuestos para la compra de armamento.
Lo que resulta casi incomprensibles es que, mientras el 45 por ciento de la población latinoamericana -o sea 224 millones de personas- continúa atrapado en la pobreza y la indigencia, el gasto militar de la región siga aumentando y se eleve por sobre los 28 mil millones de dólares anuales.
En el plano político, el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) debería prever medidas de desarme, actualmente imprescindibles en América Latina a fin de liberar recursos a utilizados para educación, la salud y vivienda.
Serán necesarias políticas conjuntas para lograr acuerdos diplomáticos que impidan que una carrera armamentística sea imparable. Esto debería formar parte de la agenda inmediata de los países del MERCOSUR, sobre todos de los funcionarios de los dos países más importantes de la región, Brasil y Argentina.
(Tomado de Agencia Para el Mercosur, abril de 2004)
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