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Una opereta yanqui en República Dominicana

Estados Unidos había ocupado la República Dominicana de 1916 a 1924.

Rafael Leonidas Trujillo, hombre de confianza de Washington se había apoderado del poder en
 
"El Benefactor",
Rafael Leonidas Trujillo
La suerte aciaga de vivir lejos de Dios
y cerca de
Estados Unidos
EE.UU. contra Bolívar

El descuartizamiento de México

Y Paraguay tuvo que pedir excusas

Cuba bajo la bota yanqui

La secesión
de Panamá

De cómo fue entregada la patria de Toussaint Louverture a la voracidad imperialista

El "Guatemalazo"

Una opereta yanqui en República Dominicana

Un son of a bich preferido del imperialismo

El golpe de estado en Brasil

Los padrinos de Pinochet

Kissinger y el Plan Cóndor

Una "causa justa" que mató a miles de panameños

La minúscula isla de Granada pagó los platos rotos

 
 

1930. Así comenzó la "era Trujillo" con su secuela de torturas y crímenes. Estados Unidos había ocupado la República Dominicana de 1916 a 1924.

Rafael Leonidas Trujillo, hombre de confianza de Washington se había apoderado del poder en 1930. Así comenzó la "era Trujillo" con su secuela de torturas y crímenes.

"El Benefactor", dictador megalómano sólo comparable en su truculencia a Somoza, otro protegido de EEUU, permaneció en el poder más de treinta años con el beneplácito norteamericano. En 1961 murió asesinado y uno de sus acólitos, Joaquín Balaguer, transformado rápidamente en ardiente demócrata accedió a la presidencia.

Una serie de golpes y contragolpes finalizó por la convocación a las primeras elecciones realmente democráticas para diciembre de 1962.

Juan Bosch, un demócrata que había estado exiliado más de veinticinco años obtuvo la mayoría. Aún cuando se trataba de un liberal, su elección no entraba en los planes de EEUU que desconfiaban de él. En septiembre de 1963 fue derrocado por un grupo de militares quienes nombraron como nuevo ejecutivo a un triunvirato presidido por un civil, Donald Reid Cabral, hombre de confianza del Departamento de Estado. Sin embargo, algunos oficiales constitucionalistas encabezados por el coronel Francisco Caamaño, derrocaron a su vez al triunvirato en abril de 1965, proclamando apoyados por gran parte de la población, su voluntad de restablecer en sus funciones al presidente legalmente elegido, Juan Bosch.

Las fuerzas armadas se dividieron, estallando numerosos enfrentamientos. Los constitucionalistas de Caamaño parecían alcanzar la victoria cuando Lyndon Johnson decidió el envío de los marines, una vez que el embajador Tapley Bennet anunció que EEUU protegería a los ciudadanos estadounidenses residentes.

El mundo asistió boquiabierto entonces a una opereta en la cual Johnson se esforzaba en negar la violación flagrante de la propia Carta de la O.E.A., debiendo disfrazar después de tergiversaciones y mentiras -- y ante la ola de indignación particularmente fuerte en América Latina, donde varias embajadas y empresas yanquis fueron saqueadas -- la intervención de EEUU con el aporte de tropas de cuatro dictaduras militares, las únicas naciones que aceptaron de colaborar con Washington en la invasión a un país soberano: los golpistas brasileños, el dictador Somoza (hijo) de Nicaragua, el Paraguay de Stroessner y Honduras.

Para los norteamericanos se trataba de impedir lo que a sus ojos sería un nuevo foco de contagio revolucionario, otra Cuba en el continente. Lo que justificaba por cierto todas las excepciones a las reglas prescritas en la Carta de la O.E.A.: "Comprendí que no había tiempo para hablar, consultar o demorarse...La naciones americanas no pueden ni deben y no permitirán el establecimiento de otro gobierno comunista en el hemisferio occidental..."

En septiembre del mismo año, una resolución de la Cámara de representantes (resolución Selden) declaraba que ante la sola amenaza de peligro comunista, las naciones americanas podían y debían prestarse mutua asistencia.

Balaguer, el hombre de Washington, antiguo y fiel amigo del dictador Trujillo, fue reinstalado poco después por sus amos en la presidencia de la república. El coronel Caamaño aureolado de un inmenso prestigio morirá años más tarde en un postrer intento por desencadenar la lucha armada en la República Dominicana.


Tomado de:

Javier Peña: ¡Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos! Intervenciones norteamericanas en América Latina.

www.vho.org/aaargh/espa/garaudy/intervenciones.html

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