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Y Paraguay tuvo que pedir excusas

En 1851 el gobierno de EEUU designó como Cónsul en Asunción a Edwards A. Hopkins, uno de los propietarios de la empresa marítima United States and Paraguay Navigation Company, domiciliada en Rhode Islands.

Hopkins, ex marino y aventurero conocía Paraguay
 
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por haber vivido allí desde 1845. Provisto de cartas oficiales que lo acreditaban como agente del gobierno de los EEUU, logró introducirse en los círculos gubernamentales, conociendo de esta manera al presidente paraguayo Carlos Antonio López.

Una serie de intrigas donde se entremezclaban los ofrecimientos de mediación norteamericana ante países vecinos, destinada a defender a Paraguay en un litigio fronterizo, con asuntos privados e intereses de EEUU que querían utilizar el Paraná como vía fluvial, tuvo como resultado en 1854 la negativa del Paraguay de ratificar el Tratado de Comercio y Navegación.

La Paraguay Navigation Company fue sancionada ese año por haber infringido la legislación paraguaya, prohibiéndosele en el futuro toda operación en el país. Hopkins fue expulsado más tarde, por desacato luego de una confusa riña con soldados paraguayos.

De amigo del Paraguay y del presidente López se transformó en su acérrimo enemigo, desarrollando en los círculos oficiales y entre de los íntimos del presidente Pierce y luego Buchanan, una propaganda que alentaba una intervención militar norteamericana en dicho país , "país de berberiscos asiáticos, excrescencia del cuerpo internacional... menos civilizado que el sultanato de Moscato", afirmando en sus diatribas que los sudamericanos eran bárbaros que tenían en consecuencia "que recibir un trato adecuado. Hablar con ellos es una pérdida de tiempo; hay que hablarles con nuestros cañones".

Es entonces cuando entró oportunamente en escena el Water Witch, navío de la marina norteamericana, que sobrepasando la autorización que se le había acordado, atravesó la frontera paraguaya llegando hasta el puerto brasileño de Corumba. Las autorizaciones de pasaje por el río fueron suspendidas y un decreto presidencial prohibió la navegación a los navíos de guerra extranjeros.

El 1 de febrero de 1855 el Water Witch, haciendo caso omiso del decreto paraguayo, trató de forzar el paso de un puesto fluvial militar en el Paraná.

El oficial de la guarnición paraguaya del fuerte de Itapirú que controlaba el acceso fluvial, le ordenó dar marcha atrás, tirando al aire dos salvas de advertencia. Ante la testarudez de los marinos norteamericanos, un cañonazo destruyó el timón causando la muerte del timonel del barco yanqui. El Water Witch fue arrastrado por las aguas del río, debiendo retirarse.

Comenzó entonces una gran campaña de prensa e intimidación para obligar a Paraguay a presentar sus excusas a EEUU. Finalmente en mayo de 1857, el Congreso de EEUU aprobó el envío de una "pequeña expedición" compuesta por veinte barcos que zarpó en octubre de ese año. Durante el brindis realizado por el éxito de la expedición, un oficial levantó su copa y en un rapto de desbordante exuberancia geopolítica expresó:

"Levanto mi copa… porque se terminen nuestras dificultades con Paraguay y que finalmente terminemos por anexar toda la cuenca del Río de la Plata”

Este deseo felizmente no se cumplirá.

Pero la "pequeña expedición" llegó a Paraguay a comienzos de 1859 y el presidente Carlos López debió ceder.

Paraguay presentó entonces sus excusas -culpable de haber hecho respetar su soberanía sobre su propio territorio-, indemnizando a la familia del marinero yanqui muerto durante la escaramuza frente al Fuerte de Itapirú y tuvo que aceptar, bajo la amenaza de la fuerza, el Tratado propuesto por EEUU. La United States Paraguay Navigation Company entabló por su parte un largo proceso contra el gobierno paraguayo, pero sus demandas fueron finalmente denegadas.

Tomado de:
Javier Peña: ¡Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos! Intervenciones norteamericanas en América Latina.

www.vho.org/aaargh/espa/garaudy/intervenciones.html

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