| Tiene cada vez menos sentido tratar las cuestiones ecológica y social de manera independiente, tanto en el plano político cuanto en el reivindicativo. No podemos aceptar, o estaremos corriendo el riesgo de contradicciones explosivas, desenvolver dos conjuntos paralelos de medidas, uno para responder a las necesidades sociales ("salvar la humanidad") y otro para responder a los daños ecológicos ("salvar el planeta"). El objetivo actual es combinar estas dos exigencias solidarias en un mismo programa de acción que sea, de hecho, coherente. Esto vale también para el plano teórico: la ecologia no debería ser reducida a un "capítulo adicionado", a una "pieza importada" para un programa fundamental de transformación social inmutable: ella es parte de los cuestionamientos contemporáneos que imponen una revisión general de las concepciones socialistas y marxistas.
I. Algunas consideraciones iniciales
Los debates ecológicos se colocan hoy en día en términos diferentes del pasado, incluso del pasado relativamente reciente. Es importante tener esse hecho plenamente en cuenta.
1. Una crisis de dinámica global.
El desenvolvimiento económico provocó en el pasado innumerables crisis ecológicas localizadas, pero hoy vivimos las premisas de una crisis ecológica producida por la humanidad de dinámica global. Sistemas de producción no capitalistas (por ejemplo, en la URSS) tuvieron consecuencias ecológicas desastrosas, pero la crisis contemporánea es fomentada por la lógica intrínseca al capitalismo (de la "producción por la producción"). Esta fue la base de los desarrollos económicos posteriores a la Segunda Guerra Mundial que confirieron a las crisis ecológicas localizadas una nueva dinámica global (expansión y adensamiento del mercado mundial con la petroquímica y la agroindustria, la explosión de los transportes, etc.) La globalización liberal en curso tiende a agravar todavia más las cosas.
El costo humano de la crisis ecológica ya es muy alto. Sin embargo, son las propias condiciones de existencia de la especie humana en la Tierra las que serán cualitativamente fragilizadas si no se opera un cambio radical de la dinámica productiva
2. Una cuestión de alcance universal, de consecuencias sociales en el presente.
Los efectos sociales de la crisis ecológica desde ya son percibidos en todos los países. Las generaciones futuras o las poblaciones del Tercer Mundo no son más las únicas alcanzadas. En Francia, sus efectos son perceptibles tanto en el dominio de la salud pública - cada vez más gravemente afectada por la polución de tierras, agua, aire y alimentos - cuanto en el de las exclusiones: por ejemplo: um número creciente de familias ya no puede pagar más el acceso al agua corriente por causa del aumento explosivo de los precios como consecuencia tanto de las poluciones como de la política de privatización de este sector.
La crisis ecológica contribuye, de diversas maneras, para aumentar las desigualdades norte-sur, pero también entre ricos y pobres dentro de cada país. Por lo tanto, es necesario tratarla no sólo para prevenir el futuro mas también para resolver problemas del presente. La articulación de las crisis ecológica e social es tal que se vuelve sin sentido querer establecer una jerarquía de prioridades entre ellas. Ellas deben ser tratadas conjuntamente.
3. Un combate central para la sociedad
La ecología analiza las relaciones entre las sociedade humanas y su medio ambiente, la naturaleza, la biosfera. Ella introduce una cuestión suficientemente enriquecedora para las corrientes de pensamiento socialista que ignoraron ampliamente esta dimensión esencial.Mas, si el origen de la crisis ecológica contemporanea está en el "productivismo", en el modo articulado de producción y consumo, las respuestas exigen una modificación del funcionamiento de las sociedades humanas. El combate ecológico se alía al combate de transformación social. No se trata de una esfera separada, que estaría protegida de los contrastes sociales y de las relaciones de poder.
La crítica ecológica no solamente afecta la lógica intrínseca del capitalismo, sino que también cuestiona directamente algunos de los principales pilares del sistema dominante (agro-industria, industria petrolífera, nuclear, transportes y automóviles, gigantes del manejo ambiental, química, etc...) De hecho, estamos muy lejos de los sectores marginales! Así, llevado al corazón de la sociedad, el combate ecológico no escapa a las tensiones, presiones e manipulaciones sociales. Para ser eficaz, tiene que crear relaciones de fuerza favorables. Para contribuir de forma positiva a la transformación del funcionamiento de nuestras sociedades, debe integrarse a un combate democrático colectivo más amplio. De lo contrario, corre el riesgo de perder toda su vitalidad o, peor todavía, de ser instrumentalizado por las fuerzas dominantes, de volverse contra las poblaciones y los grupos sociales dominados.
4. Una cuestión clave: la convergencia de los campos de lucha
La afirmación de las solidaridades siempre fue una dimensión esencial del combate progresista, pero adquiere un significado particular en este momento de globalización liberal. Por un lado, un sistema único de instituciones internacionales y de polos de poder se extiende por todos los continentes y en todos los dominios de las políticas ultraliberales, que son claramente identificables, lo que vuelve más fácilmente perceptible los intereses comunes de las y de los integrantes de las clases populares. Por otra parte, en numerosos países, los antiguos modelos de dominación son colocados en jaque, minados: la capacidad del Estado de establecer compromisos sociales globales es hoy em día restricta, lo que hace que los espacios en los cuales la ciudadanía opera sean desarticulados y pierdan su pertinencia.
La emergencia de un nuevo modo de dominación permanece inacabada y tal vez sea inacabable en la medida en que, por ejemplo, el neoliberalismo actual no responde a la cuestión esencial de su legitimación política. En estas condiciones, la estabilidad del sistema se basa, de una forma mucho más inmediata que en el pasado, en la fragmentación de las resistencias; de esta manera, las antiguas solidaridades deben ser destruidas y las nuevas sofocadas cuando son todavía embrionarias.
Es, en gran medida, en el campo de las solidaridades que los combates sociales y democráticos serán ganados o perdidos. El encuentro de lo ecológico y de lo social participa plenamente en esta cuestión actual: alimentar nuevas solidaridades "transversales", expresar la convergencia de los campos de lucha, dar un contenido renovado a las solidaridades y a la articulación de combates internacionales.
5. Verdes y Rojos: cuestionamentos cruzados
Una cuestión de fondo está colocada para los militantes de la transformación social: ellos serán capaces de integrar efectivamente el problema ecológico, y a todos los niveles de su reflexión y acción? A pesar del tiempo perdido, un cierto progreso se manifiesta en este dominio, pero mucho todavía queda por hacer y son numerosos los obstáculos. Y los que se apoyan en la referencia ecológica (o al menos en una referencia ecológica que se identifica como no-socialista) serán capaces de pensar la transformación social y sacar consecuencias políticas y reivindicativas? En este caso, más allá de las declaraciones de intenciones, la respuesta no es evidente.
Al introducir un dominio de conocimiento y de acción que quedó, como mínimo, marginal en la teoría socialista (las relaciones sociedad/naturaleza), la ecología política cuestiona a los "Rojos" y el pensamiento marxista. Mas, por estar intrínsecamente ligada al funcionamiento de nuestras sociedades, la ecología política cuestiona también a los "Verdes", en particular si rechazan la referencia marxista: ¿con qué instrumentos conceptuales y en relación a qué proyecto político piensan la necesaria transformación social?
II. Articulación de las luchas
La crisis ecológica y la crisis social son, en gran medida, alimentadas por mecanismos idénticos. Intereses de grandes lobbies económicos, dictaduras cada vez más exclusivas de los mercados, orden mundial encarnada por la OMC, FMI, BM, G7, etc, contribuyen para el agotamiento tanto de los seres humanos cuanto de la naturaleza. Factores comunes operan en las crisis sociales y ecológicas contemporáneas, remedios comunes pueden y deben ser desarrollados: es preciso quebrar el cerco del "liberalismo económico", colocando en el centro las elecciones que atienden a las necesidades humanas.y a las demandas ecológicas. De allí surge la convergencia inmediata que encontramos entre lo ecológico y lo social. Sin embargo, inclusive cuando nos restringimos a los puntos mas simples en estos campos de convergencia, nuevos cuestionamientos surgen anunciando la necesidad de re- evaluaciones más amplias. Tomemos aquí cinco ejemplos:
1. La defensa de los servicios públicos
El ejemplo de los transportes muestra cuánto la lógica del servicio público es necesaria para responder de forma coherente a los imperativos sociales y ecológicos. La lógica liberal exige la reducción de la red ferroviaria a las formas de líneas "rentables", favoreciendo en contrapartida el crecimiento de las rutas. Ella alimenta también una competición salvaje entre modos de transporte (ferrocarril,/rutas, pero también ferrocarril/vía aérea) que produce elecciones irracionales desde el punto de vista social y ecológico. El inmenso predominio del camión en el transporte de mercadurías se dió gracias a la enorme expansión de la red caminera y responde a las exigencias de la producción en flujo discontinuo., "just in time". La producción en flujo discontinuo ejerce, además, una considerable presión sobre la organización del tiempo de trabajo, especialmente para su variación a lo largo del año. La competición del transporte aéreo justificó la prioridad absoluta dada al TGV (tren de gran velocidad) por el SNCF (sistema nacional de rutas francés), cuyos costos ambientales (construcción de nuevas vías en área propia) y sociales (presión sobre los presupuestos y endeudamentos a expensas de la capilarización de la red) son considerables. Los salarios, las condiciones de trabajo y las normas de seguridad son totalmente desconsideradas en nombre de la rentabilidad competitiva.
Las exigencias sociales (transportes públicos baratos, red cubriendo todo el territorio, normas de trabajo y de salario aceptables) y ecológicas (reducción de los medios de transporte más poluentes, los que más destruyen físicamente y los más costosos desde el punto de vista energético) imponen la necesidad del desarrollo de transportes colectivos en la lógica del servicio público. Esto también ocurre en otras áreas.
Pero esta constatación no encierra el debate sobre la organización contemporanea del servicio público. De hecho, los monopolios de Estado están sujetos a elaborar sus políticas en función de objetivos no democráticos (en la energía, por ejemplo, relación entre empresas petrolíferas e intervención imperialista en África, o la relación entre la industria nuclear civil y militar), según los modos de gestión y los modelos productivos estrechamente capitalistas, en función de normas de rentabilidad que toman por referencia los monopolios privados. El monopolio estatal no es, por lo tanto, suficiente para garantir la ejecución de una política de servicios públicos y su carácter democrático. Un servicio público exige una política pública que no tenga como motor la busca de la maximización de los lucros.
2. La lucha contra la polución
Cada vez más tenemos consciencia de los costos humanos (con relación a la salud, alta de los precios, etc...) y naturales (con relación a la biodiversidad) de las poluciones, así como del papel que juegan numerosos intereses económicos establecidos en su agravamiento: la preponderancia del automovil, polución atmosférica y problemas crecientes de salud en los centros urbanos; la preponderancia de la agroindustria y la brutal polución de las aguas en Bretaña, o la polución difícilmente reversible de las napas freáticas en Ile de France; la preponderancia del lobby nuclear y la acumulación, de largo plazo, de residuos radioactivos en Francia; la preponderancia de los grandes intereses privados y el aumento socialmente insoportable del costo del agua potable en el norte y la masiva falta de acceso al agua potable en el sur... En cada una de estas áreas, combate ecológico y combate social exigen una lógica alternativa que se oponga a aquella de los grupos económicos dominantes.
La gravedad de los problemas de polución contribuye para la evolución de las conciencias. Se vuelve más difícil presentar las cuestiones llamadas ecológicas como marginales, extrañas a las cuestiones sociales, como preocupaciones elitistas, un lujo pequeño-burgués. La crisis de la vaca loca representó probablemente un punto de inflexión mayor, análogo a Tchernobyl para la cuestión nuclear: ella trajo a la superficie la extensión del peligro intrínseco al modo de producción de las agroindustrias. El combate contra las poluciones cuestiona en conjunto el modelo productivo, tiene implicaciones profundas para la política de ocupación del territorio y presenta diversas cuestiones sobre la relación entre la investigación científica y los poderes establecidos (institucionalizados, políticos, y económicos). Abre así un campo de reflexiones fundamental.
3. Em defensa del empleo
Una política de protección ambiental genera empleos en innumerables sectores. Y más aún. Las lógicas económicas dominantes, que superexplotan la naturaleza, crean también el desempleo. Este es claramente el caso de la agroindustria que desertifica los campos desde dos puntos de vista: el de los espacios (reducción drástica de la variedad de paisajes y de la biodiversidad) y el humano (reducción drástica del empleo y éxodo rural). Este también es el caso de la industria automobilística que despide masivamente, al mismo tiempo en que aumenta su capacidad de producción e impone su dictadura sobre los modos de transporte, de ocupación del territorio y del desarrollo urbano. Lógicas socioeconómicas alternativas permiten definir un modo de producción menos predatorio con relación a la naturaleza o a la calidad de vida, y más rico em empleos.
Una alternativa ecológica al modelo dominante permite generalmente repartir mejor (y por lo tanto aumentar) el empleo, asegurando una descentralización de la producción. Es evidente en el campo energético, la industria nuclear exige uma concentración extrema, pero eso vale también para otros sectores, como el de los transportes. Tener em cuenta las múltiples posibilidades de la cuestión ecológica aumenta la variedad de "ocupaciones". La ecología se incribe en el esfuerzo conjunto de reducción del desempleo y de redistribución de las actividades sobre el territorio.
4. Abolir el sistema de la deuda
El "desarrollo a través del endeudamiento", impulsado por las potencias financieras del norte, produjo un sistema de control de la política económica de los países deudores (sobre todo del sur) y el fortalecimiento de los poderes del FMI y del Banco Mundial (inclusive en el norte). El servicio de la deuda y los cánones ultraliberales de la OMC tienen consecuencias dramáticas para las sociedades humanas (destrucción de las protecciones sociales, de las culturas alimentícias...) así como sobre la naturaleza (destrucción de los recursos naturales para exportación...). Los mecanismos fundamentales de este sistema de dominación deben ser combatidos tanto desde el punto de vista social cuanto ecológico.
Las reglas comerciales instauradas por el GATT y después por la OMC refuerzan la dominación de las grandes multinacionales del norte. Imponiendo una abertura de los mercados locales a sus productos, ellas acentúan las dependencias (inclusive alimentícias), fragilizan los equilibrios sociales y aumentan irracionalmente los intercambios internacionales, alimentando así la crisis energética y ecológica. El proyecto del AMI negociado en la OCDE ilustra hasta dónde pueden ir las lógicas destructivas y antidemocráticas. Los famosos "mercados financieros" son incapaces de solidaridad entre personas de la misma generación (la Bolsa de Nueva York baja cuando los números del desempleo son "muy" buenos!) - y son más incapaces todavía de solidaridad entre generaciones, lo que la ecología demostró ser decisivo.
5 Largo plazo y democracia
La cuestión ecológica exige considerar los daños ambientales en un plazo muy largo, los ritmos naturales tienen tiempos muy diferentes de aquellos del mercado, necesariamente cortos. Innumerables necesidades sociales (educación, salud,...) exigen también, para ser correctamente tratadas, un tiempo más largo que el del "rey mercado" - lo que, por outra parte, es una de las principales razones para que sean servicios públicos- Daños ecológicos y necesidades humanas exigen conjuntamente que nuestras políticas alternativas integren dimensiones de tiempo de largo plazo, que la solidaridad entre generaciones destaca. La ecología, además de la defensa de las necesidades sociales, dá una nueva legitimidad a la noción de planificación ya que, ¿qué es considerar el largo plazo si no planificar? Sin embargo, la ecología también contribuyó con las críticas de fondo de las experiencias burocráticas ocurridas em el Este.
La ecología política enriquece la reflexión sobre democracia y, especialmente, las relaciones entre solidaridades y responsabilidades, entre presente y futuro, entre diversos niveles de espacios territoriales - local, regional, nacional, internacional. Ella revaloriza la política en la definición de opciones productivas y nos fuerza a renovar la concepción de planificación por otras razones, porque ésta debe, de ahora en adelante, incorporar una serie de preocupaciones y objetivos ambientales (medidas de flujos de energía, presión sobre los recursos naturales y los deyectos depositados en el ambiente, preservación de la biodiversidad y de la diversidade de ecosistemas, corrección de las peligrosas evoluciones inducidas en el equilibrio de la biosfera, etc,...
III. Algunas nuevas cuestiones
Es posible, por lo tanto, responder en un mismo movimiento a las necesidades sociales y exigencias ambientales. Entre tanto, la crisis ecológica nos presenta problemas radicalmente nuevos, o dá una dimensión radicalmente nueva a problemas antiguos. La percepción de la existencia de "límites" del planeta, de la degradación y de los riesgos ecológicos, de las consecuencias humanas dramáticas de estas degradaciones nos fuerza, desde ya, a repensar las relaciones entre sociedad-naturaleza, a considerar daños ignorados por mucho tiempo. ¿Como integrar estas nuevas cuestiones a nuestras políticas alternativas? Indicamos aquí cinco pistas para comenzar:
1. Cooperación.
Esta integración no se dará sola. Ella exige la aplicación combinada de reformas ecológicas y socioeconómicas, y por lo tanto una cooperación constante entre militantes "sociales" y "ecologistas" (sabiendo que una misma persona o un mismo movimiento puede ser simultáneamente social y ecológico...) Los "sindicalistas" deben trabajar con los "ecologistas" para tratar el impacto que los planes alternativos que ellos elaboran (por ejemplo, en el sector energético), tendrán sobre el medio ambiente. De forma recíproca, los "ecologistas" deben trabajar con los "actores sociales" para considerar los impactos humanos de sus propuestas (de la cuestión de las "tasas" a la defensa de áreas de preservación natural).
Este tipo de cooperación e intercambio es parte de la renovación de las prácticas políticas.
2. Reducción de las desigualdades sociales.
Considerando la dimensión de los intereses debatidos, el combate ecológico sólo tendrá futuro si fuera un combate democrático, y si adquiriera la fuerza de un movimiento verdaderamente "de masa". Ahora bien, él nunca conseguirá esta hazaña si las "reformas ecológicas" tuvieran por consecuencia au mentar las desigualdades sociales. Estas reformas (fiscales, de reglamentación, etc) cuando sean necesarias, deben ser concebidas de tal manera que reduzcan y no aumenten las desigualdades sociales, con la finalidad de ser integradas a un combate democrático plural. Esto es esencial tanto en el plano nacional como internacional. El combate ecológico debe reforzar la solidaridad norte-sur y no contribuir para que el sur pague el precio del desarrollo del norte.
El encuentro entre lo ecológico y lo social no puede ser únicamente um hecho de cooperación política práctica. Él exige de las dos partes un gran esfuerzo de renovación teórica.
3. Reducción del tiempo de trabajo, desenvolvimiento del tiempo libre.
¿Cómo reducir la presión sobre los recursos naturales sin reducir proporcionalmente las libertades (libertad individual de transladarse, por ejemplo)? No será facil enfrentar esta cuestión, mas um elemento de respuesta se encuentra en la reducción substancial del tiempo de trabajo - es decir, el aumento del tiempo libre. Muchas cosas podrían ser hechas de una manera social y ecológicamente menos costosa apenas consagrando a ellas más tiempo...
En el fondo, la exigencia ecológica se encuentra aquí con la cuestión del tiempo libre (contribuyendo especialmente para repensar la noción de progreso humano) y la lucha para multiplicar los puestos de trabajo gracias a la reducción de la jornada de trabajo. La cuestión se exacerba entre las luchas "defensivas" del presente contra el desempleo y un proyecto de sociedad positivo, alternativo.
4. Revolución conceptual
Necesitamos continuar repensando las relaciones entre las nociones de progreso, crecimiento, bienestar, mercaduría, etc... El "modelo occidental" de desarrollo no es generalizable en todo el planeta, y sus impedimentos muestran hasta qúe punto es necesario romper con la concepción "productivista" de progreso - lo que anima la crítica de los "criterios de crecimiento" utilizados en el cálculo del Producto Interno Bruto (PIB), por ejemplo. La cuestión ecológica contribuye para renovar la discusión en varias áreas (urbanismo, selección de tecnologías, posiciones científicas,...) que fueron dejadas de lado después de los años 70.
Innumerables ideas aceptadas están ahora sujetas a cuestionamiento. Más que de simples retoques, se trata de una verdadera revolución conceptual, inclusive para las corrientes que se dicen socialistas. La crítica estructural del capitalismo se enriquece y las propuestas de transición se modifican cuando combinamos daños ecológicos y necesidades humanas.
4. Revolución cultural
Se trata también de una revolución cultural: muchos modelos, percepciones y valores deben ser modificados, en particular los valores heredados de los años del boom económico, típicos de la "sociedad de consumo".
Pueden hacerse analogías con relación al alcance de la cuestión ecológica y la cuestión feminista. Ambas contribuyen al mismo tiempo a la crítica de comportamientos individuales y colectivos, articulan transformación de valores o modelos culturales en el curso de luchas actuales y un proyecto alternativo de sociedad.
Estas revoluciones conceptuales y culturales recién están comenzando. Y llevarán un buen tiempo...
IV. Paradigma verde, marxismo y marxismos.
Es común evocar el encuentro original no ocurrido entre marxismo y ecología en los tiempos de Marx y Engels; después de eso la socialdemocracia y el estalinismo impusieron sus concepciones mecanicistas y positivistas. Podemos también evocar el encuentro no ocurrido entre la ecología política y el socialismo cuyas premisas existían en los años 70. Después vino la "crisis de las ideologías", comenzando por la crisis de referencia marxista y socialista. Ciertamente algunos puentes fueron establecidos entre los pensamientos social y ecológico, corrientes de la ecología popular son portadoras de un proyecto de sociedad explícitamente anticapitalista y el aporte marxista a la crítica ecológica del capitalismo no puede ser negligenciado. Entre tanto, fue solamente a fines de los años 1990, - 150 años después de la redacción del Manifiesto- que una verdadera integración de los problemas sociales y ecológicos se coloca nuevamente en discusión, de manera conciente y global.
1. Actualidad y dificultad de un encuentro.
La reactualización del encuentro entre las cuestiones social y ecológica se explica evidentemente por el agravamiento conjunto de ambas crisis y su relación muy próxima, y también por la evolución de las conciencias. Con todo, la fusión de estas dos cuestiones no es una cosa fácil. Sus desenvolvimientos separados, paralelos, crearon incomprensiones, rutinas organizacionales, mecanismos de pensamiento, tradiciones de acción, que constituyen hoy innumerables obstáculos a su encuentro. Peor todavía, la falta de reflexiones críticas construidas sobre la ecología entre los marxistas, y sobre el conflicto social en la mayor parte de las corrientes de la ecología política los tornaron particularmente permeables en estas áreas a la ideología dominante.
A pesar del trabajo pionero de algunas personas (inclusive em los años 1950-1960) y las contribuciones de corrientes más o menos tercermundistas en los años 1960-1970 (época del " small is beautiful"), la mayoría de las organizaciones marxistas y socialistas se mostraron mucho más permeables a la ideología dominante en estas áreas que van desde la noción de progreso a los modelos de desarrollo, de las tecnologías a los modelos de consumo. En Francia, por razones históricas propias, la aceptación por la mayoría del movimiento obrero de la ideología electronuclear es un ejemplo especialmente impresionante.
A pesar del compromiso socialista radical de algunos,de la riqueza de innumerables cuestionamientos y del papel central que la crítica al productivismo ocupa en sus análisis, la ecología política no fué capaz de construir una teoría social crítica, global y original, una comprensión propia de las sociedades, de sus estructuras y de los mecanismos de su transformación. Esto permite explicar la inmensa fragmentación de los movimientos que tienen esta referencia, la ambiguedad de una corriente como la ecología radical, la facilidad con que la ecología "realista" puede ser incorporada por el sistema dominante, el peso, en este medio, de la ingenuidad de una visión corta y la dificultad que tiene, con notables excepciones, de pensar el conflicto social.
2. ¿Cual teoría de la transformación social?
Es (¿aún?) de buen tono entre los verdes afirmar que el socialismo es el pensamiento del siglo XIX y la ecología, el del siglo XX, que el paradigma verde substituye al rojo, que la crítica marxista del capitalismo tuvo su importancia pero la perdió con la evolución histórica. En síntesis, que el marxismo es un asunto del pasado. Entre tanto, la actualidad del marxismo, ¿no se relaciona a la actualidad del capitalismo? Es muy difícil en este momento de globalización liberal pensar y actuar como si el capitalismo no fuese más un sistema dominante, dominador y depredador.
La ecología política no puede esquivarse a cuestiones claves como las relaciones de poder y las polaridades sociales. No puede ignorar, sin pérdidas, la importancia crucial de un concepto como el de modos de producción, de la noción sistémica del capitalismo. Cada corriente que se considera como ecología política debe precisar cuál es su teoría de la transformación social, porque se trata de romper el espiral suicida del "productivismo" transformando radicalmente el funcionamiento de nuestras sociedades. Si el aporte marxista en este campo es rechazado, ¿de qué estamos hablando? Pocos fueron los teóricos de una ecología no socialista que quisieron responder a esta cuestión.
3. Una exigencia de radicalidad
La crítica ecológica es bastante difícil de ser digerida por las corrientes socialistas reformistas, gestoras del capitalismo, más aún cuando ella se presenta como marxista. Lo mismo vale para la crítica social. El primer obstáculo es de naturaleza política: la negativa a colocar en jaque al sistema dominante, su lógica descarada. ¿Tener en cuenta efectivamente los daños ecológicos no nos opone, como en el caso de las necesidades sociales, a la lógica expresada por los tratados de Maastricht-Amsterdam, de la Comunidad Económica Europea, por la OMC o por el FMI?
Es verdad que existe una ecología política socialdemócrata, que ocupa....alegremente....en Francia el lugar de la ecología del vice-presidente Al Gore en los Estados Unidos. Pero ella se muestra alérgica a la radicalidad objetiva del cuestionamiento ecológico.
4. Una problemática anti-mecanicista, anti-linear
Aún siendo radicales, revolucionarios, los marxistas pueden percibirse intrínsecamente incapaces de integrar la cuestión ecológica si estuvieran, por poco que sea, prisioneros de concepciones "reduccionistas de clase" o economicistas. Así como el feminismo, la ecología política trae a la superficie el carácter dinámico, nodal, esencial, de las contradicciones que no pueden ser reducidas solamente a las relaciones de clase, y rompe las amarras de las concepciones economicistas. Para integrar la questión ecológica, el marxismo debe abrirse a todas las "contradicciones motrices": estas contradicciones mayores, que hacen que la sociedad se transforme, contradicciones que interfieren unas en las otras. Esto es tanto así que el capitalismo juega en todas las formas de explotación y opresión para mantenerse dominante, y por lo tanto ellas deben ser tratadas de forma conjunta. Pero cada contradicción tiene su historia, su dinámica y su autenticidad propia, que jamás se reducen unas a otras.
Más todavía que el feminismo, la ecología dá um golpe mortal en todas las concepciones lineares de historia y progreso. Las modificaciones del medio ambiente difícilmente son integralmente reversibles, y muchas veces son irreversibles. Ellas modifican las condiciones de lucha influyendo sobre las opciones y las posibilidades.
Para integrar la cuestión ecológica, el marxismo debe apropiarse de una concepción de historia abierta, antípoda de las tradiciones lineares.
5. Un proceso inacabado.
Punto de vista de radicalidad y de la "historia abierta", aprehensión de las contradicciones motrices, en sus articulaciones como en sus irreductibilidades...No todos los marxistas son capaces de integrar en una misma perspectiva de transformación las cuestiones social y ecológica. Incluso aquellos que parecen ser los más aptos, los más preparados, no sabrán terminar esta tarea rápidamente. Hay mucho que hacer para elucidar las implicaciones contemporáneas de las indispensables rupturas anti-mecanicistas y anti-lineares, aún cuando estas rupturas tienen raices antiguas que vienen de debates del pasado (sobre la sucesión de modos de producción, por ejemplo) y hasta en la propia obra de Marx y Engels.
El atraso en el debate sobre las relaciones entre sociedad y naturaleza está acumulado en el pensamiento socialista, inclusive en el más dinámico, y será necesario tiempo para superarlo. Sobre todo si entendemos por eso un pensamiento colectivo, elaborado por movimientos y organizaciones que sean capaces de actuar.
Bajo diversos aspectos, las cuestiones ecológica y social se interpelan en la actualidad, y este diálogo se muestra particularmente esencial para el futuro del marxismo y de la transformación social.
(Tomado de Foro Social Mundial 2001.
Biblioteca de las Alternativas 17 de abril de 2001)
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