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En la actualidad, los países del Sur están en deuda con los acreedores mundiales, públicos y privados. Es una deuda grande que requiere un alto porcentaje de los recursos de estos países, golpeados por la pobreza. Este asunto no es sólo económico. Por sus implicaciones y su impacto social es preciso abordarlo ampliamente y con la participación de todos los afectados, acreedores y deudores. Pero no sólo "debe" el Sur. El desarrollo del Norte también está en deuda con el Sur "atrasado". Es otro análisis posible: el de la Deuda Ecológica.
De esta forma se daría respuesta y una justa retribución por el uso que, durante siglos, se le ha dado a los recursos planetarios en beneficio del Norte y en perjuicio del desarrollo del Sur.
Cabe reclamar una Deuda Ecológica originada a cuenta del comercio desigual y por el desproporcionado uso de recursos naturales que el Norte realiza para satisfacer sus altos niveles de consumo, a costa del Sur.
Entre otros desequilibrios, cuando se exportan productos agrícolas también se exportan nutrientes, elementos químicos esenciales para la vida, que no se reponen. Las exportaciones de algunas materias primas extraídas en los países del Sur para satisfacer los mercados en el Norte industrializado han producido daños locales, como la contaminación con mercurio en la minería del oro o con dióxido de azufre en la del cobre, además de la no disponibilidad de recursos agotables (pesca, especies forestales, petróleo, etc.) para el consumo de las poblaciones futuras del Sur.
Por otro lado, la Deuda Ecológica se origina con el uso desproporcionado de recursos naturales por las empresas del Norte: las materias primas -como madera, pesca o minerales- y los conocimientos sobre semillas, plantas medicinales, usos tradicionales, etc. Además, se producen numerosos daños por las importaciones de residuos sólidos o líquidos contaminantes, que en la mayoría de los casos están prohibidos en el Norte. Asimismo sucede con el uso del espacio ambiental para depositar residuos gaseosos como el CO2, gas causante de efecto invernadero, cuyos principales generadores están en el Norte industrializado y con la contaminación proveniente del uso de pesticidas de alta toxicidad.
Recordemos además que siguen sin aplicarse de forma efectiva los acuerdos de la Cumbre de la Tierra (Río, 1992) sobre el pago de la conservación de las Reservas de la Biosfera, que en su mayoría se encuentran en el Sur.
Es el momento de plantear alternativas a las relaciones de poder en el mundo. Estamos en un mismo barco pero llevamos las cargas de modo desigual. Desde los países del Sur debemos asumir los desafíos y decidir cuánto estamos dispuestos a seguir cargando, a costa de nuestro presente y nuestro futuro. Queremos economías modernas, pero sobre todo necesitamos pueblos educados, saludables y conscientes de sus capacidades para labrarse su futuro. Que no decidan por nosotros en el Fondo Monetario Internacional (FMI) o en el Banco Mundial, y que no protesten por nosotros los movimientos sociales de los países del Norte, sino nuestras propias organizaciones sociales de desarrollo.
Junto al diálogo sobre la condonación de la Deuda Externa debería discutirse la reclamación de la Deuda Ecológica. Actualmente se están realizando estudios para una posible cuantificación de la misma, así como la aplicación de impuestos verdes para restituirla.
*Julio A. Parra Maldonado
Cátedra de la Paz y Derechos - Universidad de Los Andes. Analista de la ONG Setem. Centro de Colaboraciones Solidarias. setem@eurosur.org
(Tomado de Rebelión, 22 de enero del 2001)
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