Surge una "sucursal" de Escuela de las Américas
Por Orlando Oramas León
 
Bajo el eufemístico nombre de Academia para el Cumplimiento de la Ley, Estados Unidos y el Gobierno de Costa Rica acordaron el establecimiento de una especie de sucursal de la Escuela de las Américas, lesiva para la soberanía tica y a todas luces una nueva forma de extender la presencia militar norteamericana en el continente.

Unos años atrás parecería improbable que las autoridades del país centroamericano se prestaran para un proyecto que contradice la alegada vocación pacifista de una nación que abolió el ejército, pero ahora abre las puertas a los militares estadounidenses. La popularidad del presidente Abel Pacheco cae a niveles récords junto al desmanejo de los asuntos locales y el entreguismo a la Casa Blanca, al punto de que la política internacional costarricense practica un sumiso acatamiento de las decisiones de Washington, incluso cuando de agredir a otros pueblos se refiere. En sintonía con los aires bélicos de la administración Bush, el Gobierno de Pacheco abrió los puertos del país a las cañoneras norteamericanas bajo el también eufemístico acuerdo de patrullaje conjunto. Asimismo, dio luz verde a la construcción de una base naval yanki en la región de Golfito, al tiempo que entregó a la Embajada estadounidense una zona exclusiva en el privatizado aeropuerto internacional Juan Santamaría. La instalación de la escuela internacional de policía es otro hito en el entreguismo a EE.UU., según la denuncia de Huberto Vargas Carbonell, líder del Partido Comunista Vanguardia Popular. La academia dispondrá de un director general costarricense, pero su mandato solo tendrá un carácter administrativo y de supervisión del personal nacional.

El acuerdo firmado el 6 de junio pasado establece que Estados Unidos nombrará al director del programa y también serán norteamericanos los directores adjuntos. Este funcionario dirigirá el plan de formación y de presupuesto anual, dejando al director general tico la función de una especie de encargado de mantenimiento, cuyos gastos asume el país anfitrión. Aun así, su papel queda cuestionado, pues, reza el convenio, ‘los Estados Unidos asignarán un administrador financiero de la Academia durante el tiempo que lo consideren necesario. Además, fiscalizará todos los gastos de fondos de los Estados Unidos, sujeto a la supervisión del Director de Programa', es decir el verdadero boss.

Por tanto, la institución policial estará controlada por personal estadounidense, que además recibirá privilegios de extraterritorialidad. El manejo administrativo y financiero queda fuera de la jurisdicción de las leyes nacionales.

Y lo que es peor, lo conveniado obliga al Estado costarricense, previa notificación de Washington, a otorgar al director general y a los adjuntos privilegios e inmunidades equivalentes a los que se disponen para el cuerpo diplomático. Tendrán igual rango los instructores, asesores, consultores y demás miembros del personal extranjero de la Academia. Tales prerrogativas, que incluyen exenciones de todo tipo de impuestos, incluyendo los de exportación e importación, sobre el alquiler de viviendas, del Seguro Social o de permisos laborales, convierten a los empleados costarricenses en personal de segunda categoría. Todo ello se convenió a espaldas del pueblo tico, e incluso de la propia Asamblea Legislativa. En momentos en que se suceden los conflictos sociales en el país, con huelgas de maestros y otros sectores, el Estado costarricense se comprometió a erogar de las arcas públicas los recursos para comprar el terreno donde será erigida la instalación. Otro recurso sería pedir un préstamo a Washington, aumentando así la dependencia financiera.

Las autoridades costarricenses no tendrán incidencia alguna en el programa de estudios, como tampoco podrán vetar al personal norteamericano. No es de extrañar que la brutalidad característica de la policía estadounidense se convierta en uno de los patrones del curso lectivo o que algunos de los instructores provengan de la tristemente célebre Escuela de las Américas, que funciona en Fort Bening, Georgia, bajo el disfraz de Instituto para la Cooperación en Seguridad del Hemisferio Occidental. En 1996 se habían hecho públicos algunos de los manuales de la Escuela de las Américas, que entonces incluían métodos de asesinato, torturas, espionaje y chantaje. La llamada academia internacional policial será en la práctica otra base militar norteamericana en Centroamérica, y parte de los esfuerzos por extender su presencia armada en el continente. Si Costa Rica abolió hace más de medio siglo formalmente al ejército nacional, ahora lo sustituye por uno extranjero, con las cañoneras yankis en los puertos y aguas territoriales y los asesores e instructores enseñando a reprimir las protestas populares.

(Tomado de Argenpress, 24 de julio, 2003)

 
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