La Doctrina Monroe y otros antecedentes históricos del ALCA
Por Manuel Salgado Tamayo
 
 

Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos contra el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse la América Española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia... escribía, tenso y visionario, José Martí, al comentar el Congreso al que Estados Unidos convocaran a los países latinoamericanos en 1888. Pese a su clara advertencia ese fue el punto de partida del panamericanismo y la OEA que tantos males causaron a nuestros pueblos.

A más de un siglo de la ejemplar batalla martiana el poderoso Imperio nos convoca, nuevamente, a la formación del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, ALCA, que no es sólo el diseño de una zona de libre comercio que vaya desde Alaska hasta la Patagonia, sino que implica, sobre todo, la ejecución definitiva del viejo proyecto de la coyunda colonial sobre los pueblos y naciones de nuestra América.

Los orígenes de la actual política norteamericana hacia América Latina hay que rastrearlos en el Mensaje al Congreso del Presidente James Monroe, el 2 de diciembre de 1823, cuyos siguientes párrafos son conocidos como la Doctrina Monroe:

" Los continentes americanos, por la libre e independiente condición que han asumido y que mantienen, no deberán ser considerados ya como susceptibles de futura colonización por cualquiera de las potencias europeas".

"La sinceridad y relaciones amistosas que existen entre los Estados Unidos y aquellas potencias, nos obligan a declarar que consideraríamos peligroso para nuestra paz y seguridad cualquier tentativa de parte de ellas que tenga por objeto extender su sistema a una porción de este hemisferio, sea cual fuere. No hemos intervenido ni intervendremos en las colonias o dependencias de cualquier potencia europea: pero cuando se trate de gobiernos que hayan declarado y mantenido su independencia, y que después de madura consideración, y de acuerdo con justos principios, hayan sido reconocidos como independientes por el gobierno de los Estados Unidos, cualquiera intervención de una potencia europea, con el objeto de oprimirlos o de dirigir de alguna manera sus destinos, no podrá ser vista por nosotros sino como la manifestación de una disposición hostil hacia los Estados Unidos".

Como lo han demostrado todos los hechos posteriores, la doctrina no implicaba una política defensiva frente a Europa, sino que era una amenaza contra cualquier pretensión de cerrar el paso a la expansionismo norteamericano. En 1823 casi todas las colonias de España en América se habían independizado. Uno de los grandes artífices de ese proceso, Bolívar, había empezado a trabajar en el sueño de la unidad de las repúblicas latinoamericanas. Integración en la libertad, era su ideal. En diciembre de 1824 Bolívar firma la carta de invitación al Congreso que se lleva a cabo, en circunstancias muy adversas, en 1826. Por un lado varios gobiernos de la región no entienden la necesidad e importancia de la Confederación, por otro lado, Francisco de Paula Santander, contrariando las instrucciones del Libertador invita al Congreso a los Estados Unidos de América. Con la muerte del Libertador se interrumpe su sueño de la Patria grande.

En 1846 Estados Unidos inician la guerra contra México. Como resultado de esta agresión se apodera de Texas y dos años después, en 1848, desatan una nueva guerra que les permite apoderarse de Arizona, Nuevo México, California, Nevada, Utah y parte de Wyoming.

En 1898 se da inicio a la Guerra Hispano Norteamericana que le permite a los Estados Unidos apoderarse de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. El secretario de Estado John Hay dirá que había sido una "espléndida pequeña guerra" , pues al precio de 289 heridos y/o muertos en combate se apoderaron de cuatro naciones.

En 1903 imponen el Tratado Hay-Bunau Varilla por el que cercenan la provincia de Panamá a Colombia, fraguan una independencia espúrea y ceden la zona sobre la que se construirá el Canal que, al decir del General Omar Torrijos, "será como un puñal clavado en el corazón de la dignidad del pueblo panameño."

En el mensaje anual de 1904 el Presidente Teodoro Roosevelt completó la doctrina Monroe formulando el siguiente corolario:

"Si una nación demuestra que sabe actuar con una eficacia razonable y con el sentido de las conveniencias en materia social y política, si mantiene el orden y respeta sus obligaciones, no tiene porque temer una intervención de los Estados Unidos. La injusticia crónica o la importancia que resultan de un relajamiento general de las reglas de una sociedad civilizada pueden exigir a fin de cuentas, en América o fuera de ella, la intervención de una nación civilizada y, en el hemisferio occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la doctrina de Monroe puede obligar a los Estados Unidos, aunque en contra de sus deseos, en casos flagrantes de injusticia o de impotencia, a ejercer un poder de policía internacional".

El nuevo gendarme del mundo, armado de un grueso bastón, ha intervenido desde entonces cuantas veces ha necesitado en América Latina y en el Mundo. Un investigador acucioso, Gregorio Selser, contabiliza más de 10.000 ocupaciones, agresiones y desembarcos, desde el siglo XIX hasta hoy, sólo en la región latinoamericana. Cambiaron los estilos y las máscaras, pero, en esencia, la política estuvo determinada por la doctrina Monroe y el Corolario de Roosevelt. De la Unión Panamericana, definida en 1910, pasamos al idealismo de Wilson y la diplomacia del dólar. El otro Roosevelt, el bueno, para enfrentar los desafíos de la II Guerra Mundial, armó la política del Buen Vecino que fue muy útil para implementar la OEA y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR. Así nació el interamericanismo que ha sido desde entonces, en forma más clara e institucional, la pantalla del expansionismo norteamericano.

Lo que podría denominarse la política más inteligente para América Latina la diseñó John F. Kennedy, con su Alianza para el Progreso, aunque su muerte violenta y prematura no le dio tiempo de implementarla.

Nixon y su Secretario de Estado Henry Kissinger serán recordados como los mentalizadores del asesinato de Allende y el Plan Cóndor.

Ronald Reagan como el gran matarife de los años 80 en el Cono Sur y Centro América. Bush padre como el mentalizador del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, pero además, junto a Bill Clinton, por su guerra contra las drogas y la aplicación del Consenso de Washington que resume la propuesta neoliberal más extrema.


(Fragmento del texto de Manuel Salgado Tamayo, Secretario General del Partido Socialista-Frente Amplio del Ecuador, publicado el 10 de abril del 2002 en www.rebelion.org, bajo el título de El Plan Colombia y el ALCA)

 
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