Después de los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001 el Comité de Medios y Árbitros de la Cámara de Representantes aprobó el fast-track . ¿Por qué tanta urgencia? Podríamos decir. En el discurso oficial, las razones parecen, como siempre, idealistas y hasta filantrópicas; en la realidad, los problemas y necesidades de América Latina no cuentan a la hora del balance de los grandes intereses de la superpotencia. La premura se explica porque Estados Unidos necesita descargar el peso de su propia crisis sobre los hombros de América Latina. El ALCA nació en otro contexto histórico, en 1994, en plena onda expansiva de la euforia del capital.
Ahora el sistema muestra síntomas de agotamiento. No es sólo un problema que afecta a los Estados Unidos de América. Japón se sumió en 1992 en una crisis del sector inmobiliario que se contagió a las finanzas y, desde entonces, la segunda economía mundial no termina de levantarse. México se derrumbó en 1994, los Tigres Asiáticos en 1997, Rusia en 1998, Brasil en 1999 y Argentina, el modelo de Washington, vive el peor momento de su historia. En los propios Estados Unidos "caen el PIB, la producción industrial, las inversiones, la confianza del consumidor, las ventas, las ganancias empresariales y la Bolsa. Aumentan el desempleo, el déficit externo y el pánico." Estados Unidos busca consolidar América Latina como su región exclusiva de dominio, frente a la competencia Europea y Asiática, aprovechando los recursos naturales y la fuerza de trabajo barata de la región, desbaratando los avances productivos que habían logrado históricamente para convertirlos en un mercado de importación y consumo.
La articulación del Plan Colombia con el ALCA
En las preocupaciones norteamericanas, expresadas en el borrador del ALCA, ocupan un importante espacio los problemas de seguridad. La agenda es explícita, el ALCA busca combatir el narcotráfico, el tráfico de armas, la corrupción, las migraciones, el terrorismo. La forma en que darán ese combate es mediante la creciente militarización de la sociedad que, tarde o temprano, desemboca en una guerra de baja intensidad contra los enemigos que ha elegido unilateralmente el poderoso imperio. Ahora mismo, a fines de febrero del 2002, luego de más de tres años de combate a las drogas en Colombia, las caretas ruedan por el suelo, los gestos de Pastrana se parecen cada vez más a los de su homólogo norteamericano y el lenguaje de las bombas y los fusiles se impone sobre los que soñaron en la posibilidad de una paz negociada y pacífica.
El ALCA, entonces, no puede prescindir de un elemento central de la actual estrategia de dominación norteamericana para América Latina: la guerra contra la cocaína. Pues la guerra contra las drogas: "Al criminalizar todo el proceso... permite que desaparezcan todas las tensiones estructurales, se despoliticen y vacíen de contenido el problema de la injusticia, el desarraigo, la falta de oportunidades, la miseria, los privilegios, etc., mientras se ofrece la oportunidad de reforzar los sectores militares brindándoles una relación privilegiada con Estados Unidos, permitiendo la unificación de los ejércitos en su fase de formación, en el desarrollo de las operaciones, compartiendo los mismos ideales, objetivos, preceptos morales".
El apoyo de las clases dominantes latinoamericanas
El agotamiento del modelo desarrollista de la CEPAL en los años 70, la explosión de la deuda externa en los 80 y la imposición del Consenso de Washington en los 90, han determinado un debilitamiento extremo de los mínimos resquicios de autonomía que, en otros momentos, demostraron algunos sectores de la clase dominante Latinoamericana. En la actualidad, las diversas fracciones de la burguesía del continente, han optado, como mecanismos de vida, por el malinchismo y la sumisión de Felipillo. La hoja de parra que cubre sus miserias es la globalización, pero, en el fondo, saben que sus últimas boyas se juegan en la completa identidad con las imposiciones y los intereses de la burguesía metropolitana, esa es la raíz del apoyo a los procesos de dolarización, al Plan Colombia y la Iniciativa Radical Andina, al Mercado Común de las Américas. Lo hemos dicho en otros acápites de este libro, las excepciones honrosas, son la Cuba de Fidel Castro, el Presidente Hugo Chávez de Venezuela y Fernando Enrique Cardoso del Brasil que han advertido que, si se mantiene el actual esquema del ALCA, Brasil no participará.
Los otros grupos de apoyo al actual esquema del ALCA son las grandes empresas transnacionales y la burguesía monopolista norteamericana que serían las principales beneficiarias del mercado ampliado.
(Fragmento del texto de Manuel Salgado Tamayo, Secretario General del Partido Socialista-Frente Amplio del Ecuador, publicado el 10 de abril del 2002 en www.rebelion.org, bajo el título de El Plan Colombia y el ALCA)
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