Sin el debido proceso y con la más absoluta insensibilidad, el actual orden mundial que lidera a viva fuerza el imperialismo norteamericano, condena a muerte cada día a 41 000 niños de todo el mundo, quienes fallecen por consumir agua no potable o por carecer de acceso regular a ese líquido elemental en condiciones seguras.
El dato, uno entre centenares de escalofriantes informaciones, fue dado a conocer en el reciente Tercer Foro Mundial del Agua, que tuvo lugar en Japón entre el 16 y el 23 de marzo pasado del 2003.
Según cálculos de la ONU, cerca de mil millones de personas no tienen acceso a agua potable segura; 2,5 mil millones carecen de sistemas sanitarios adecuados, y más de 5 millones de personas fallecen anualmente a causa de enfermedades relacionadas con el agua, diez veces más de quienes mueren en conflictos armados cada año.
Sin embargo, si la lógica del capitalismo neoliberal y la globalización imperialista siguen reinando, en unos años la gente morirá no solo por falta de agua, sino también por las guerras y conflictos violentos que se generarán entre países y bloques de países por el dominio de los recursos acuíferos.
La ONU teme que dentro de poco más de veinte años, cerca de dos tercios de la población mundial viva en países con escasez moderada o severa de agua.
Se ha dicho incluso, con razones evidentes, que las guerras del futuro ya no serán más por el petróleo, sino por el agua.
Cincuenta y un países de todas las regiones del mundo están en riesgo de afrontar conflictos por el agua en los próximos 10 años, según el pronóstico de la directora del Proyecto de Políticas Mundiales sobre el Agua, Sandra Postel, también integrante del Instituto Worldwatch.
Por lo pronto, se conoce, aunque muy poco se habla de ello, que el tema del agua, entre muchos otros, es motivo de tensión entre el pueblo palestino y el gobierno de Israel.
Para los palestinos, quienes reciben tres veces menos agua per cápita que los israelíes, el cada vez más escaso líquido tiene el mismo nivel de importancia que Jerusalén.
También las conflictivas relaciones entre India y Pakistán, con acuerdos de larga data sobre el río Indus, pudieran afectarse más si los problemas del agua continúan agudizándose.
En los últimos tiempos la tensión ha crecido en la frontera de Estados Unidos y México por el uso del agua. Mientras el caudal del río Bravo y sus afluentes fue lo bastante, no hubo roces por esa causa entre los dos países, pero ahora, cuando la sequía golpea con fuerza la frontera, surgen reclamos y amenazas.
Lamentablemente, para los mexicanos, de acuerdo con las cifras dadas a conocer en el Foro Mundial del Agua, Estados Unidos es el país que más agua desperdicia en el mundo. Algo parecido ocurre con el petróleo, pues allí, con solo el 4 % de la población del planeta, se consume el 25 % de la energía producida mundialmente, y ya se sabe lo que sus gobiernos han sido capaces de hacer por el dominio del combustible del orbe.
Observando la crisis del agua que avanza a pasos agigantados, como parte de la degradación general que el actual sistema capitalista le crea al medio ambiente planetario, se alcanza otro punto de vista para comprender la importancia y la urgencia que Estados Unidos le concede al Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), un proyecto de recolonización que pudiera institucionalizarse en enero de 2005.
América Latina y el Caribe, con 12 % del área terrestre total y 6 % de la población mundial, poseen alrededor de 27 % del agua dulce del planeta, aunque, no obstante, casi un tercio de los habitantes de la región carece de acceso al agua potable y una proporción similar no cuenta con servicios de alcantarillado y acueductos.
Para el eminente economista y politólogo egipcio Samir Amin, la estrategia de expansión hegemónica de los Estados Unidos ahora se concentra en el petróleo, pero mañana el objetivo será el agua. “Ahora quieren invadir a Iraq, advirtió Samir Amin en el III Foro Social Mundial de Porto Alegre, pero no se sorprendan si después decidieran invadir a la Amazonia.”
Si la predicción del célebre académico resulta demasiado apocalíptica es algo que solo el tiempo dirá, pero desde ya podemos estar seguros de una cosa: si el ALCA se consolida definitivamente, propiciará la privatización de todos los recursos de América Latina y el Caribe, entre ellos el agua, y ya veremos cómo se vende por todo el mundo nuestra riqueza hídrica, a precios fabulosos, bajo el rótulo de firmas norteamericanas, mientras que en la región la gente se morirá de sed.
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