Sed de beneficios del agua
Por Kyrstal Ayer
 
El Presidente Bush, las Naciones Unidas, y el resto del "consenso de Washington" están ofreciendo la privatización como una solución para los problemas del agua y de los servicios sanitarios en todo el mundo, así como dentro de Estados Unidos. En todo el mundo, unos 1.100 millones de personas carecen de acceso a agua potable segura, y 2.400 millones no tienen servicios sanitarios adecuados, según la Organización de Alimentación y Agricultura de la ONU.

En EE.UU., el problema reside más bien en los presupuestos estatales y federales, y en las prioridades presupuestarias que se concentran en los gastos militares, mientras se reducen los servicios sociales, que incluyen el agua.

El mayor acuífero de la nación, el Ogallala, está siendo explotado tan rápido por los agricultores del Midwest que una parte significativa del suministro de aguas subterráneas podría realmente agotarse el año 2010. El Ogallala contiene 407 millones de hectómetros cúbicos de agua, y requeriría unos 6.000 años para volver a llenarse si se secara por completo.

Las corporaciones pretenden que pueden gestionar sosteniblemente preciosos recursos naturales –como el agua fresca-- mejor que como lo hacen actualmente los servicios públicos. Pero las compañías de aguas enfrentan el mismo problema que las compañías petroleras –beneficios rápidos insostenibles, fraude, escándalos contables, y colapso—dejando que los empleados, los consumidores, y los contribuyentes solucionen el lío. El otrora gigante del petróleo, Enron, podrá pronto encontrar su equivalente en el agua en Vivendi de Francia.

Las corporaciones, no importa cuál sea el producto, toman todas sus decisiones con un mismo fundamento –beneficios a corto plazo. Antes de que Aguas del Illimani se adjudicara en 1997 la concesión de los servicios de agua y saneamiento para las ciudades de La Paz-El Alto, impusieron una serie de tarifas para el suministro de agua. Cuando la compañía privada se hizo cargo de las operaciones, mejoró la productividad, la eficiencia y el servicio (despidiendo personal). Pero los costos más elevados del agua llevaron a la gente a disminuir su consumo. Como resultado, el Banco Mundial señaló durante este año, ¡que Aguas del Illimani está efectivamente considerando una campaña para aumentar el uso de agua por persona! Y después hablan de corporaciones con responsabilidad ecológica.

¿Son suficientemente responsables las corporaciones para que les confiemos que cuiden el medio ambiente, infinitamente complejo y en cambio permanente, que es nuestro hogar común? Para responder a esta pregunta, basta con mirar su historial global:

La rápida deforestación del Amazonas, provocado por el sobre-consumo de productos derivados del ganado y de la madera por los países más ricos del mundo, está afectando el cambio global del clima que lleva a la pérdida del hábitat, a la extinción de especies, y a la destrucción de sistemas de cultivos y de conocimiento. Según la NASA, 596.000 kilómetros cuadrados, o sea un 16,5 % del Amazonas brasileño, han sido afectados por la deforestación. Todas las selvas húmedas del mundo desaparecerán antes del fin del siglo XXI si continúa el mismo ritmo de deforestación.

Las corporaciones petroleras y de producción de automóviles han impulsado el consumo de combustibles fósiles que ha llevado al calentamiento global, y a un aumento del nivel del mar de casi un metro en los próximos 100 años. El aumento del nivel del mar ya está amenazando la existencia misma de docenas de naciones en pequeñas islas, tales como las Maldivas, Barbados, Kiribati y Tuvalu.

La revolución agrícola del siglo XX generó productos químicos sintéticos basados en el petróleo –pesticidas, insecticidas, y herbicidas—que nos llevaron a todos hacia un lento suicidio. Esos poderosos productos químicos son espadas de doble filo. La ciencia y la tecnología agrícola moderna han aumentado la producción de alimentos en todo el mundo- alimentando así a miles de millones de personas hambrientas. Esos mismos milagrosos productos químicos son también fuertemente destructivos –envenenando a los trabajadores agrícolas y a los ostentosos consumidores invisibles para la sociedad, mientras perturban los ecosistemas, poniendo en peligro de pasada a especies de pájaros, anfibios, e insectos, y generando devastadoras plagas en los cultivos. De manera que, aunque esos productos químicos sintéticos resolvieron un problema, la falta de alimentos, crearon muchos más.

¿Por qué les ha ido tan mal a las corporaciones en la gestión de los recursos naturales? La respuesta reside en sus intereses: ganar dinero, no proteger el interés público. El mercado tiene sus propias reglas para la actividad corporativa, pero no son las mismas exigidas para la supervivencia de la vida en la tierra. En algunos casos, especialmente cuando se trata de necesidades humanas, como el agua, esas reglas son mutuamente excluyentes.

Si las compañías no operan eficientemente –estrujando el máximo dinero de un producto o de un recurso—entonces llega su competencia y las elimina del negocio. Así que, ¿cómo podemos esperar que las corporaciones privadas administren sosteniblemente nuestros recursos comunes, considerando las reglas del mercado? No podemos.

La cita, "los problemas importantes que confrontamos no pueden ser resueltos al mismo nivel de pensamiento que teníamos cuando los creamos," ha sido atribuida a Albert Einstein. No precisa ser un genio para ver la verdad contenida en esa opinión. En su mayoría, las corporaciones en su conjunto –el propio capitalismo—han trabajado sin cesar por la destrucción de nuestro medio ambiente, y continúa siendo así en la actualidad, por nuestra dependencia de los combustibles fósiles y de los productos químicos creados para matar organismos vivos para alimentar nuestra economía y alimentarnos. No debiéramos considerarlos para encontrar soluciones.

La mejora de los servicios públicos es preferible a la privatización de recursos de propiedad común como el agua, los bosques, la pesca, y nuestra atmósfera.

Las compañías privadas, por las reglas mismas de sus mercados, y por su amplio historial, no son capaces de gestionar responsablemente el planeta, para qué hablar de sus propios sistemas de contabilidad. Si les permitimos que lo hagan, podemos estar seguros de que no se les hará responsables por cualquier resultado negativo – ni estarán dispuestas ni en capacidad de reparar o reemplazar los frágiles ecosistemas, recursos naturales, y las vidas humanas destruidas por sus motivos basados en los beneficios.

El capitalismo como desarrollo natural de la historia humana es un poderoso mito. Si nos lo tragamos, entonces tendemos a aceptar que la privatización de las empresas de propiedad pública es el mejor (y único) camino para preocuparnos por nuestro medio ambiente (es decir por nosotros mismos). Y si algunos de nosotros lo creemos, entonces estamos todos condenados a una suerte peor que las Enrons, WorldComs y Tycos del mundo.

*Krystal Kyer tiene una Maestría en Estudios Ecológicos, y es una escritora activista. Su correo es: klynn@nocharge.zzn.com

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