5 de noviembre de 2001 
Bush, la Secta Moon y la Triple Frontera
Revista Koeyu Latinoamericano
 
 

Buena parte de la prensa argentina ha repetido sin más un informe publicado en el Washington Times, el diario norteamericano de la secta Moon, según el cual estarían operando células de Al-Qaeda en la zona de la Triple Frontera.

La noticia tiene su importancia por venir de quien viene. La secta Moon esta vinculada históricamente con la derecha republicana en general y con la familia Bush en particular, al punto que George Bush padre vino a Buenos Aires en 1997 para inaugurar en el hotel Sheraton el semanario Tiempos del Mundo, órgano de Moon para la Argentina y América Latina.

En definitiva, bajo gobierno republicano, los periódicos de Moon constituyen un portavoz oficioso del Departamento de Estado y del Pentágono. Por eso, resulta llamativo que el Washington Times apunte precisamente a la Triple Frontera, donde la secta tiene profundos intereses. Moon ha comprado miles de hectáreas en Corrientes y desde hace tiempo se propone instalar una "universidad" en el límite común entre la Argentina, el Paraguay y el Brasil. Otro punto fuerte lo tiene Moon en Asunción, donde resultan notorios sus contactos con el ex general golpista Lino Oviedo.

Por cierto, no resulta extraño que Moon apunte a esa zona puesto que las fuentes de su riqueza son conocidas: trafico de armas y de drogas, blanqueo de dinero, empresas fantasma, estafas de todo tipo. Esa secta es parte de lo peor, de lo más sucio del capital financiero internacional, del imperialismo.

El Plan Cóndor aún funciona

Conviene recordar los lazos de Moon con la represión. En 1980, el vínculo del Plan Cóndor con el tráfico de drogas se hizo orgánico y tomo nueva dimensión durante una reunión en Buenos Aires, organizada por la secta Moon con la presidencia de uno de sus miembros argentinos: el ex general Guillermo Suarez Mason. Formalmente, se trato del Cuarto Congreso de la Liga Mundial Anticomunista, y alli estuvo el presidente de ese organismo, el surcoreano Woo Jae Sung, segundo de Moon en la jerarquía de la secta.

Allí se produjo un salto cualitativo: el narcotráfico, que hasta entonces había servido para financiar operaciones clandestinas y escuadrones de la muerte, se transformo en la principal actividad de los paramilitares organizados.

En aquel encuentro estuvieron, además de Suárez Mason y Woo, varios representantes de la logia P-2, delegados del ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza y de la organización terrorista cubana Alpha 66, de Miami; el salvadoreño Roberto D'Aubisson, el neofascista guatemalteco Mario Sandoval Alarcón y el italiano Stephano Delle Chiae, jefe de Avanguardia Nazionale y operador de la DINA chilena. También asistieron los republicanos norteamericanos John Carbaugh, asistente del senador Jesse Helms, y Margo Carlisle, colaboradora del senador James McClure.

Ahora, la secta Moon vuelve a prestar sus servicios, de espionaje y de todo tipo, a la guerra que George W. Bush le ha declarado al mundo. El gobierno norteamericano torna a la doctrina de seguridad nacional, al concepto de guerra sin territorio ni fronteras, y ya ha declarado "terroristas" -por tanto, objetivos militares explícitos- a las FARC colombianas y a los zapatistas colombianos. Y la Argentina no se libra: ya los marines hicieron aquí su Operación Cabañas, que simuló recuperar un poblado tomado por guerrilleros. Eso se hizo en Salta, en pleno conflicto piquetero.

Y, como la represión va de la mano con los negocios, bien le vendría a Moon una base militar yanqui en la Triple Frontera, como ya las hay en Ecuador y como la que se piensa instalar en Tierra del Fuego. En otras palabras: por distintas vías el gobierno de los Estados Unidos se propone consolidar su expoliación de América Latina por medio de la intervención militar directa.

Tiene razón el señor Bush: son ellos o nosotros, los enemigos del país o el pueblo trabajador argentino, fuerza contra fuerza.

 
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