| Espionaje
en la ONU
Por Norman Solomon
http://alainet.org,
18 de marzo de 2003
Tres días después que un diario británico revelara
un memorando acerca del espionaje que realiza Estados Unidos a delegaciones
del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), le pedí
a Daniel Ellsberg que evaluara la importancia de esta noticia. "Esta
fuga," replicó, "es muy oportuna y potencialmente
más importante que los archivos del Pentágono".
La palabra clave
es "oportuna". La publicación de los archivos secretos
del Pentágono en 1971, que fue posible por la heroica decisión
de Ellsberg de filtrar esos documentos, se produjo cuando la Guerra
de Vietnam ya estaba en curso desde hace muchos años. Pero
ahora, cuando una guerra total contra Irak aún es una posibilidad
futura, la filtración acerca del espionaje en las Naciones
Unidas podría socavar las posibilidades –ya escasas-
de la administración Bush de obtener la resolución
de una guerra en el Consejo de Seguridad.
El gobierno
de Estados Unidos "como parte de su batalla para ganar votos
a favor de una guerra contra Irak", desarrolló una "agresiva
operación de vigilancia que incluyó la intercepción
de teléfonos de casas y oficinas y de correos electrónicos
de delegados ante la ONU," reportó el 2 de marzo The
Observer, con sede en Londres. El olor a pólvora provino
de "un memorando escrito por un alto funcionario de la Agencia
Nacional de Seguridad (NSA) –el organismo de Estados Unidos
que intercepta las comunicaciones alrededor del mundo— que
circuló entre agentes superiores de su organización
y a una organización de inteligencia de un país amigo".
The Observer
añadió: "El documento filtrado pone en claro
que el blanco de los esfuerzos intensificados de vigilancia son
las delegaciones de Angola, Camerún, Chile, México
Guinea y Pakistán en la sede de Naciones Unidas en Nueva
York, cuyos votos se disputan entre el grupo pro-guerra, encabezado
por los Estados Unidos y Gran Bretaña, y el grupo que argumenta
por más tiempo para los inspectores de las Naciones Unidas,
liderado por Francia, China y Rusia".
El informe de
la NSA, fechado el 31 de enero, esboza el amplio alcance de las
actividades de vigilancia que buscan cualquier información
útil para forzar una resolución de guerra en el Consejo
de Seguridad, o sea, "toda la gama de informaciones políticas
que lograrían darle a Estados Unidos la delantera para obtener
resultados favorables a sus metas o bien prevenir las sorpresas".
Tres días
después de que el memo salió a la luz, el Times de
Londres publicó un artículo donde observa que la administración
Bush "se siente aislada" en su celo de hacer la guerra
contra Irak. "En el más reciente revés",
reportó el periódico, "un memorando de la Agencia
Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, filtrado al Observer
reveló que espías norteamericanos fueron ordenados
a escuchar de forma clandestina conversaciones de los seis países
indecisos del Consejo de Seguridad de la ONU".
El artículo
del Times de Londres lo calificó de "una embarazosa
revelación". Y el malestar fue casi mundial. Desde Rusia
a Francia, desde Chile a Japón y a Australia, el asunto tuvo
una cobertura de alto perfil en las noticias. Mas no en los Estados
Unidos.
Algunos días
después de la "embarazosa revelación", ni
una palabra al respecto apareció en la crónica cuasi-oficial
de Estados Unidos. El New York Times –el más influyente
medio de comunicación de este país— que hasta
ahora no publica nada acerca del asunto. ¿Por qué
será?
"Bueno,
no es que no estemos interesados", dijo en la tarde del 5 de
marzo la sub-editora de asuntos internacionales del New York Times
Alison Smale, casi 96 horas después de que el Observer lanzó
la noticia. "Nosotros no pudimos obtener ninguna confirmación
o un comentario" sobre el memo de parte de los funcionarios
de Estados Unidos.
El New York
Times optó por no reproducir lo que el Observer informó,
me comentó Smale. "Normalmente esperaríamos hacer
nuestro propio reporte de inteligencia." Y añadió:
"Nosotros todavía lo estamos investigando, no es que
no lo estemos haciendo".
Una cobertura
tardía sería mejor que ninguna. Pero los lectores
deberían sospechar del silencio del New York Times durante
los primeros días cruciales después de que el asunto
se hiciera público. En ciertos momentos de la historia, cuando
la guerra y la paz están en la balanza, el periodismo retrasado
es un periodismo denegado.
En general,
la poca cobertura que hubo del tema en Estados Unidos parecía
orientada a disminuir la importancia de las revelaciones del Observer.
El 4 de marzo, el Washington Post publicó en la contraportada
un artículo de 514 palabras, con el titular "No causa
shock en la ONU el reporte de espionaje", mientras que en Los
Angeles Times se publicó una nota más amplia que comenzó
enfatizando que las actividades de espionaje de los EE.UU. en las
Naciones Unidas son "de larga trayectoria".
El tratamiento
en los medios de comunicación de Estados Unidos contrasta
con la cobertura en otros continentes. "Mientras algunos en
EE.UU. han tomado una actitud de restarle importancia, muchos otros
alrededor del mundo están furiosos," comentó
Ed Vulliamy, uno de los reporteros del The Observer que escribieron
el artículo del 2 de marzo. "Sin embargo, la mayoría
de los gobiernos están extremadamente reacios a pronunciarse
en contra del espionaje. Ello ilustra una vez más su vulnerabilidad
frente al gobierno estadounidense."
A Daniel Ellsberg,
le parece que la fuga del memorando de vigilancia de la NSA es un
signo de esperanza. "Verdades contadas como ésta pueden
parar la guerra", comentó. El tiempo está quedando
corto para que los agentes de inteligencia "puedan contar la
verdad y salvar muchísimas vidas." Pero los grandes
medios de prensa deben dejar de esquivar la información que
emerge.
* Norman Solomon
es co-autor de el nuevo libro Target Iraq: What the News Media Didn't
Tell You, publicado por Context Books (www.contextbooks.com/newF.html).
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