| Espías
en la ONU y mentiras sobre la guerra en Irak
Por Mark Engler
Rebelión, 19 de marzo del 2004
Ahora sabemos,
por revelaciones en Gran Bretaña y de funcionarios mayores
en las Naciones Unidas, que organismos de inteligencia de los EE.UU.
y Gran Bretaña espiaron agresivamente a diplomáticos
de la ONU--desde Kofi Annan y Hans Blix hasta aliados de México
y Chile--para prevenir cualquier demora en la invasión de
Irak. A medida que surgen mas detalles nefarios, se vuelve mas claro
porque las agencias de noticias de los EE.UU. que hasta ahora se
han interesado en sondear estas revelaciones deberían fijarse
en ello nuevamente. La historia eleva nuevas preguntas sobre si
el pueblo Americano tendrá una oportunidad de examinar el
registro completo de como nuestro país fue llevado a la guerra.
Para aquellos
que le hacen seguimiento a la diplomacia internacional, no es sorprendente
oír que el espionaje se sucede en las Naciones Unidas. Pero
este hecho no debe oscurecer el panorama mayor. A la luz del desmoronado
caso del Presidente urgiendo a la guerra en Irak, sin duda muchos
Americanos estarían interesados en saber acerca de los esfuerzos
clandestinos para prevenir que los aliados implementaran una resolución
de la ONU que hubiera otorgado mas tiempo para la inspección
de armas.
El Jueves pasado,
la ex-miembro del gabinete Clare Short destapó cargos que
su gobierno secretamente grabó conversaciones privadas sobre
delicadas negociaciones del Secretario General Kofi Annan durante
las semanas previas a la invasión. El Sábado, el inspector
de armas Hans Blix acusó a los proponentes de la guerra de
espiarle también, indicando que un funcionario de la administración
Bush le había mostrado fotografías que solamente pudieron
haber sido tomadas por medios inescrupulosos.
Estas revelaciones
son apenas los mas recientes pedazos de malas nuevas para el Presidente
George Bush y el Primer Ministro Tony Blair, quienes enfrentan injurias
por el trato dado a sus aliados como México y Chile, quienes
estuvieron en desacuerdo con su postura militar en Irak. El pasado
mes de Marzo un soplón de la inteligencia Británica
divulgó un memorando al Observador de Londres (London Observer)
mostrando que los gobiernos de Bush y Blair estaban secretamente
escuchando a seis miembros no permanentes del Consejo de Seguridad
de la ONU.
El memo desmiente
pretensiones que la Casa Blanca veía la guerra como el último
recurso. En una gran chiva, el Observador explica que la divulgación
sugiere que "a pesar que los EE.UU. estaba de acuerdo en conceder
mas tiempo para encontrar una resolución, secretamente utilizó
la inteligencia obtenida del espionaje efectuado sobre esas negociaciones
para destruir la última esperanza de una resolución
de la ONU" que posiblemente hubiera prevenido la invasión.
"A cada
paso," sostiene el periódico, la operación de
inteligencia "intentó socavar las deliberaciones independientes
del Consejo de Seguridad cuando se encontraba al borde de la guerra."
El testimonio
mas revelador proviene del antiguo Embajador de México ante
la ONU Adolfo Aguilar Zinser, quien dice que, con los conocimientos
de las negociaciones independientes obtenido por los espías,
los EE.UU. intervinieron para prevenir una resolución de
compromiso. "Cuando ellos [los EE.UU.] se enteraron, dijeron
que deberían saber que no les gustaba la idea y no la promocionaban"
dijo el. "Estabamos buscando un compromiso y ellos dijeron,
'No lo intenten.' "
La Casa Blanca
tiene mucho que explicar, y debe ser empujada por los periodistas
a hacerlo. Por eso es que el público Americano está
siendo mal servido por informes que menosprecian la vigilancia como
una práctica común.
El New York
Times, mientras publicaba artículos sobre como estallaba
el escándalo del espionaje en la Gran Bretaña, ha
tenido la tendencia de disminuir los cargos de espionaje contra
Blix, Annan y otros aliados. Los editores han hecho énfasis
que "Espiar las conversaciones aun de diplomáticos amistosos
tiene una larga historia, y aquellos que siguen los temas de inteligencia
no se sorprenderán por las recientes alegaciones." Los
Times sostiene que "La noticia aquí sería menos
la vigilancia y mas la disposición del antiguo funcionario
del propio partido de Mr. Blair en revelar información tan
sensible en público."
Esta posición
no ve un punto clave. Aun si la vigilancia en la ONU no causa impacto,
los informes sobre actividades encubiertas por los EE.UU. y Gran
Bretaña revela información indigna sobre como estos
gobiernos emplearon la fuerza para empujar a sus aliados hacia la
guerra. Igualmente, la idea que la Casa Blanca veía a Hans
Blix, cuyas inspecciones procedían exitosamente en apoyo
al militarismo de los EE.UU., como el enemigo, es ciertamente digno
de atención. El British Independent escribe, "La supuesta
intervención del Dr. Blix... se está viendo en círculos
diplomáticos como un esfuerzo concertado para sabotear intentos
a una solución pacífica de la crisis en Irak. "
Inclusive el
Times reconoce que "si las comunicaciones del Sr. Annan fueron
interceptadas, leyes, junto con la loza diplomática, pueden
haber sido rotas," y que también se puede haber producido
daño substancial" si Annan no estaba legalmente habilitado
par trabajar efectivamente. La agencias de noticias de los EE.UU.
deberían estar trabajando para determinar como la información
sobre Annan y Blix obtenida ilícitamente fue en realidad
utilizada, y que "daños substantivos" resultaron
de su uso.
Además,
es claro que gran parte del mundo ve con desprecio el espionaje
previo a la guerra. En semanas pasadas, la historia se ha calentado
en México y Chile, cuyos funcionarios gubernamentales han
alojado protestas oficiales. Bajo intensa presión diplomática
para cooperar con el esfuerzo bélico de los EE.UU., muchos
funcionarios extranjeros callaron cuando el memo fue inicialmente
revelado. Pero ahora esa renuencia ha desaparecido. El actual Embajador
de México ante la ONU, Enrique Berruga, caracteriza el espionaje
como "un serio rompimiento con las reglas de juego en el mundo
de la diplomacia multilateral."
En Gran Bretaña,
Blair trata de aquietar el escándalo retirando los cargos
en contra del agente responsable por divulgar la noticia del espionaje.
Desafortunadamente para el, nuevas alegaciones provenientes de Clare
Short y Hans Blix surgieron a los días, haciendo probable
que por lo menos el público de Gran Bretaña tenga
la oportunidad de obtener un claro vistazo a las feas tácticas
usadas para empujar la mas reciente guerra del golfo.
La indolencia
de los medios hacia el espionaje en la ONU quizás no sea
sorprendente, dado que los Americanos rara vez dan mucha importancia
a la opinión internacional.
Pero el éxito
del Presidente Bush en ofender la comunidad mundial es cosa seria.
Cualquier persecución eficaz contra redes terroristas requerirá
de cooperación internacional y el uso responsable de las
agencias de inteligencia. Las acciones de los EE.UU. en contra de
sus aliados que se opusieron a la guerra en Irak no ayudan hacia
ese logro.
En meses pasados,
a medida que han sido sometidos a mayor escrutinio, los grandes
razonamientos usados para justificar la guerra en Irak han sido
progresivamente desgastados. Antes de las elecciones de este otoño,
las tácticas usadas para empujar la guerra en el escenario
internacional merecen una completa examinación. Reporteros
y funcionarios elegidos deben aprovechar las oportunidades para
arrojar luz sobre las maniobras diplomáticas previas a la
guerra y hacer preguntas fuertes acerca de los impactos duraderos
de las políticas de la administración de Bush.
La animada discusión
que ha surgido en el extranjero es un excelente lugar para comenzar.
* Mark Engler,
escritor que vive en la ciudad de Nueva York, es comentarista de
Foreign Policy in Focus. Pueden contactarlo por medio del sitio
web http://www.DemocracyUprising.com/. Jason Rowe brindó
ayuda en la investigación para este artículo
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