| Las
armas 'fantasma' de Sadam Husein
Por Roberto Montoya
El Mundo, 17 de marzo del 2004
¿EXISTIO EL ARSENAL PROHIBIDO? Una a una han terminado de
caer las 'pruebas' con las que George W. Bush, Tony Blair y José
María Aznar justificaron, hace un año, la guerra de
Irak. Su decisión se ha cobrado ya miles de vidas, despojó
de legitimidad a Naciones Unidas, crispó las relaciones transatlánticas,
enfrentó entre sí a los socios de la Unión
Europea y de la OTAN y provocó una alarma generalizada. Nadie
asume responsabilidades por ello.
Si estábamos
buscando las armas de destrucción masiva, que fue la razón
principal por la que España actuó, y esas armas no
aparecen, pues todo se pondría en tela de juicio».
Palabras de Inocencio Arias del 8 de agosto de 2003 durante un curso
en El Escorial.Habían pasado ya cuatro meses desde la caída
de Bagdad y esas armas no aparecían.
Inocencio Arias:
«No hay mal que por bien no venga»
El entonces
embajador español en la ONU se lo pensó mejor y se
cubrió las espaldas: «Aunque España no apoyó
la intervención en busca de un cambio de régimen sino
por el tema de las armas, si finalmente éstas no aparecen
pero se cambia el régimen e Irak logra una democracia más
o menos estable, pues no hay mal que por bien no venga».
Esta última
frase de Inocencio Arias sintetiza en definitiva el nuevo discurso
que adoptaron tanto el Gobierno de Estados Unidos como el de Reino
Unido y el de España tras las numerosas evidencias de que
Sadam no contaba con las armas que supuestamente amenazaban a la
Humanidad y por las que fueron a la guerra contra Irak, sin el consenso
de la ONU.
Meses antes
había dicho algo similar Jack Straw. El ministro de Exteriores
británico declaró el 15 de mayo de 2003 a la emisora
BBC Radio4 que ya no era «crucialmente importante» que
se encontraran o no las armas. Straw tendría que reconocer
al mes siguiente, a finales de junio, que el segundo informe presentado
por el Gobierno en enero de ese año con «pruebas contundentes»
contra Sadam era esencialmente, en realidad, el plagio de la tesis
de un estudiante realizada a inicios de los 90.
Más tarde,
Straw admitiría también que hizo insertar párrafos
«más agresivos» en el discurso que Tony Blair
pronunció ante el Parlamento británico en septiembre
de 2002, en el que advertía que Sadam tenía capacidad
para usar sus armas de destrucción masiva en 45 minutos.
El jefe del
servicio británico de espionaje exterior (MI6), Richard Dearlove,
se vio obligado también a aclarar que ese último dato,
que provenía de «una fuente reconocida y fiable»
del Ejército iraquí, «se refería únicamente
a armas de corto alcance» y, por lo tanto, eran fundamentalmente
defensivas.
Tony Blair
«La Historia nos perdonará»
El propio Tony
Blair adoptó como táctica advertir de que era posible
que nunca se encontraran las armas. Lo hizo durante un discurso
ante el Congreso estadounidense. Acosado ya en su propio país
al descubrirse la escandalosa manera con la que se habían
fraguado las supuestas pruebas, el primer ministro británico
dijo en Washington el 18 de julio de 2003: «Aunque nos hayamos
equivocado, habremos acabado con la amenaza del terrorismo y eso
es algo que la Historia nos perdonará». Ahí
parecía ya olvidar que el 1 de junio de ese mismo año
reconocía en una entrevista con Sky News desde San Petersburgo
que su credibilidad quedaría malparada si no aparecían
las tan buscadas armas: «Desde luego, eso tendría importancia,
y por eso es importante que sigamos trabajando para encontrarlas».
«No tengo absolutamente ninguna duda de que aparecerá
la prueba [de la existencia] de armas de destrucción iraquíes.
En las próximas semanas y meses vamos a dar forma a estas
pruebas y las presentaremos a continuación», afirmó.
José
María Aznar
«Esas armas serán encontradas»
El presidente
español también aseguró una y otra vez que
las armas de destrucción masiva serían halladas. El
12 de julio de 2003 The San Francisco Chronicle publicaba una entrevista
con José María Aznar en la que éste aseguraba:
«Esas armas serán encontradas, tenemos que ser pacientes».
Aznar se ratificaba así en los términos de la carta
que firmó junto a otros siete mandatarios europeos el 30
de enero de ese año, en la que se hablaba de la necesidad
de «liberar al mundo del peligro que supone la posesión
por parte de Sadam Husein de armas de destrucción masiva».
«Decir que Irak cuenta con armas de destrucción masiva
no forma parte del terreno de la fantasía», dijo ese
mismo día Aznar tras su encuentro en La Moncloa con Tony
Blair. Asumiendo como propias las «pruebas» presentadas
por Estados Unidos y Reino Unido contra Irak, y repitiendo las mismas
acusaciones que Colin Powell presentó ante el Consejo de
Seguridad de la ONU el 5 de febrero de 2003 (calificadas como falsas
por varios de los expertos en desarme que actuaban en Irak), Aznar
acusó de «irresponsable» a la oposición
por «mirar a otro lado» en vez de respaldar la participación
activa de su Gobierno en esa nueva fase de la cruzada mundial antiterrorista
de Bush.
Aznar habló
en Madrid ante el Congreso al tiempo que Powell lo hacía
en Nueva York, y fue aún más lejos que éste.
«Respecto al programa de armas nucleares, Irak ha intentado
reiteradamente en los últimos años hacerse con tubos
de aluminio de alta calidad, aptos para enriquecer uranio»,
aseguró Aznar, atribuyendo erróneamente la información
a los expertos de Hans Blix cuando en realidad la había suministrado
Washington. Es más, Mohamed el Baradei, director del Organismo
Internacional para la Energía Atómica (OIEA), zanjó
ese tema el 7 de marzo de 2003, al afirmar ante el Consejo de Seguridad
que esas acusaciones eran «totalmente infundadas».
Cuatro días
después de las declaraciones de Powell y Aznar, el Ministerio
de Defensa español entregaba a 19 altos cargos militares
autorizados a hablar con los medios de comunicación el manual
Irak, armas de destrucción masiva. Argumentario de Sanidad.
Repitiendo informaciones de los servicios de Inteligencia británicos
y estadounidenses, el informe, que sirvió de documentación
a esos militares para conceder numerosas entrevistas, decía
que Irak contaba con verdaderos arsenales de gas mostaza, esporas
de ántrax, neurotóxicos, virus de la viruela y un
sinfín de peligrosos elementos químicos y bacteriológicos.
Ya pasaron nueve
meses desde que Blair sostuvo que las armas serían encontradas
«en semanas o meses» y más de medio año
desde que Aznar pidió más paciencia. Ana Palacio vendría
en su ayuda; las encontró poco después.
Ana Palacio
«Es que Irak es un país muy grande»
El 15 de agosto
de 2003, durante una rueda de prensa en Madrid con Iyad Alawi, miembro
del Consejo del Gobierno Provisional iraquí designado a dedo
por el autoproclamado administrador estadounidense Paul Bremer,
la ministra de Exteriores española dijo que la existencia
de las armas de destrucción masiva en Irak estaba «probada»
desde antes del inicio de la guerra, y que en esos mismos días
se habían encontrado algunas «en pozos cavados en medio
del desierto» o enterradas en jardines de casas particulares
de Bagdad.
Las armas a
las que hacía alusión la ministra, como los peligrosos
bidones encontrados poco después por tropas estadounidenses,
no eran tales. Tampoco eran «laboratorios móviles»
para fabricar armas de destrucción masiva -como aseguró
la Casa Blanca en su documento Una década de mentiras y desafíos,
de 2002- los camiones hallados tras el fin (oficial) de la guerra
en Irak. Los propios expertos de la Agencia de Inteligencia del
Pentágono (DIA), dirigida por el vicealmirante Lowell Jacoby,
concluyeron que se trataba sólo de camiones laboratorio utilizados
para producir hidrógeno destinado a globos meteorológicos
y no a la fabricación de ningún tipo de armas.
Ana Palacio
recomendó en ese momento «esperar a ver qué
pasa, porque es que Irak es un país muy grande».
Tony Blair también
usaría el mismo argumento más tarde. El pasado 11
de enero dijo en una entrevista con la BBC que «en un país
que es el doble de grande que Reino Unido, podría no ser
sorprendente que no se encuentre dónde está escondido
el material».
Donald Rumsfeld
«Pueden haber sido trasladadas a otro país»
El secretario
de Defensa de EEUU se había cubierto incluso más tempranamente
sus espaldas. El 10 de abril de 2003, cuando habían pasado
sólo 24 horas desde que cayera Bagdad en manos de las tropas
invasoras, Donald Rumsfeld declaraba que era posible que las armas
«hayan sido trasladadas a un país vecino», insinuando
en ésta y posteriores ocasiones que ese país podría
ser Siria.
El Gobierno
de Damasco rechazó esas acusaciones y una semana más
tarde su embajador ante Naciones Unidas, Mijail Wehbe, presentaba
ante el Consejo de Seguridad un proyecto de resolución para
que todo Oriente Próximo fuera declarado zona sin armas de
destrucción masiva. Como era de prever, Estados Unidos impidió
que esa propuesta prosperara. Israel, su gran aliado en la zona,
cuenta con armas nucleares y es de los pocos de la región
que no ha firmado el conjunto de tratados y convenciones internacionales
sobre armas de destrucción masiva.
David Kay
«Irak no tenía grandes arsenales»
«Fue un
error pensar que Bagdad tenía armas químicas y biológicas»,
sostuvo el miércoles pasado ante el Comité de Inteligencia
del Senado de EEUU David Kay, el experto en armas de destrucción
masiva a quien Bush puso, tras el fin de la guerra, al frente de
1.500 inspectores para buscar con sofisticados medios las armas
de Sadam Husein por todo el territorio iraquí.
Kay, el hombre
en quien Bush confiaba para que le aportase las «pruebas»
que necesitaba para demostrar al mundo que EEUU y sus aliados llevaban
la razón, terminó dimitiendo de su puesto y declarando:
«Estábamos todos equivocados, algo que resulta inquietante».En
verdad no «todos» estaban equivocados, porque varios
expertos en desarme, como el norteamericano Scott Ritter, ex jefe
de misión de la UNMOVIC en Irak, o el único experto
español que actuó en ese país, el capitán
de navío e ingeniero Basilio Martí Mingarro, ya habían
advertido que era imposible que Sadam contara con unas armas que
supusieran un peligro real después de la devastación
de Irak que supuso la Guerra de 1991, del estrangulamiento de 12
años de embargo, los ocho años de inspecciones y destrucción
de sus arsenales y los sofisticados satélites militares y
sistemas de detección utilizados por los aviones de EEUU
y Reino Unido que sobrevolaban desde esa época el territorio
iraquí.
A esa misma
conclusión llegaban también expertos del peso de Kenneth
M. Pollack, quien reivindica en la solapa de uno de sus libros (The
Threatening Storm, de 2002) haber trabajado durante muchos años
tanto para la CIA como para el Consejo Nacional de Seguridad como
analista militar especializado en Irak y el Golfo Pérsico.
Pollack fue uno de los tres agentes de la CIA que predijeron en
1990 que Sadam invadiría Kuwait en 1991.
En sus declaraciones
ante el Comité de Inteligencia, David Kay, al igual que lo
vienen haciendo en los últimos días los demócratas
en el Congreso, pidió precisamente que se investigara a la
CIA por los informes que presentó al Gobierno y que fueron
utilizados como argumentos clave para lanzar la guerra, posibilidad
rechazada de inmediato por la consejera de Seguridad Nacional de
George W. Bush, Condoleezza Rice.
El Gobierno
de España
El Ejecutivo
de Aznar no se da por aludido Las conclusiones de Kay suponen un
duro golpe para Bush en pleno año electoral. También
afectan en gran medida a Blair, quien, a pesar de salvarse por los
pelos en el juicio por el caso Kelly, provoca cada vez más
críticas dentro de su partido y de la ciudadanía.La
prensa británica publicaba el viernes varias encuestas coincidentes,
en las que la mayor parte de los entrevistados consideraba que Tony
Blair había mentido.
Pero Aznar no
se da por aludido ante el aluvión de críticas y acusaciones.
Como decía Ana Palacio en una entrevista el año pasado,
a Aznar no se le podía acusar como a Blair y a Bush de haber
exagerado el peligro que representaba Sadam. «En el caso del
Gobierno de España es patente que no ha inflado nada»,
dijo.Y tenía razón, el Gobierno español sólo
se limitó a repetir las alarmantes acusaciones de Bush y
Blair, pero en español.
El montaje mediático
y político
La primera hazaña de la guerra preventiva
El resultado
del trabajo de meses de Kay y sus 1.500 expertos pareciera ser la
síntesis, la evidencia última, del gigantesco montaje
mediático, político y de chantaje a todos los niveles
al que fue sometida la comunidad internacional para justificar una
guerra de expolio, una guerra ilegítima de agresión.
La primera contienda bélica, en definitiva, desde que George
W. Bush oficializó la guerra preventiva como su nueva doctrina
militar.
En cuestión
de meses se fueron desmontando las pruebas que alarmaron al mundo;
que dividieron profundamente a Naciones Unidas vaciándola
de contenido; que provocaron una crisis en las relaciones transatlánticas;
que enfrentaron a la vieja con la nueva Europa; que dieron pie a
la masacre de miles de iraquíes; a la destrucción
de buena parte de la infraestructura de Irak, al reparto del botín
de guerra, a la generalización de la violencia en ese país,
y que sirvieron y sirven de caldo de cultivo para el auge de las
posturas más extremistas y violentas en los países
árabes y musulmanes contra todo lo que huela a occidental.
Por otra parte,
la Casa Blanca consideraba aceptar la apertura de una investigación
independiente para aclarar por qué los servicios de espionaje
concluyeron erróneamente que Irak tenía armas de destrucción
masiva, dijeron fuentes oficiales a Efe.
|