| La
demolición de la ONU
Por Víctor Flores Olea
Rebelión, 26 de agosto del 2003
Sí, resulta lamentable la destrucción del "cuartel
general" de la ONU en Bagdad. Y los asesinatos, lesiones y
mutilaciones de funcionarios que arrojó el trágico
atentado. Pero el problema grave que amerita una reflexión
es el de la causa del ataque en Irak a un "objetivo blando"
como la ONU, que tiene siempre explicaciones políticas que
no deben ser confundidas con "justificaciones" de la índole
que sean.
No debe olvidarse:
la agresión realmente demoledora a la ONU como institución,
y no sólo por lo que respecta al hotel que en Bagdad albergaba
a sus funcionarios, la llevaron a cabo en plena sangre fría
Estados Unidos, Gran Bretaña y España con su decisión
de invadir a Irak el pasado 20 de marzo, sin la autorización
del Consejo de Seguridad, como lo exige su carta fundadora.
Ni debe olvidarse
la manera en que George W. Bush y Tony Blair, en su reunión
de las Azores en vísperas de la guerra, manifestaron su desprecio
a la ley internacional y a sus instituciones. Allí impusieron
un ultimátum no a Irak sino al Consejo de Seguridad de la
ONU, exigiéndole que capitulara independientemente de las
circunstancias: el abandono del poder por parte de Saddam Hussein,
o que se encontraran o no las "armas de destrucción"
masiva que se le atribuían. A esas alturas únicamente
contaba un principio: Estados Unidos debía de hecho invadir
y controlar a Irak.
Es decir, antes
del reciente atentado de Bagdad se había ya efectuado la
práctica demolición de la ONU por parte de los poderes
invasores, y naturalmente en primer lugar por la potencia dominante
que arrastró a las otras en su diseño imperial. Tal
fue el efectivo golpe mortal que sufrió la institución.
Y ahora simplemente observamos un proceso en que sigue siendo golpeada
y en que seguirá siendo maltratada por unos y otros.
El segundo golpe
letal lo recibió la ONU cuando Estados Unidos dispuso que
la organización no participaría en ninguno de los
aspectos de la reconstrucción de Irak, ni en su reconstrucción
política ni en la material. Todo el poder para Estados Unidos
en la tierra invadida, sin regatear ese poder a sus empresas contratistas:
perfecta mancuerna inmoral entre un gobierno y los hombres del dinero,
que en este caso se confunden….
Pero igualmente
-debe recordarse-, el Consejo de Seguridad se propinó a sí
mismo una lesión irreparable cuando de hecho sancionó,
en resolución del 22 de mayo del 2003, la invasión
a Irak, otorgándole a Estados Unidos y Gran Bretaña
poderes prácticamente ilimitados para controlar políticamente
a Irak, y para proceder a su reconstrucción según
las decisiones que tomaran las potencias. Los países que
previamente se habían negado a autorizar la invasión
militar después la consagraban convalidando de hecho la ocupación
colonial de las potencias invasoras.
Antes -debe
también recordarse- George W Bush había declarado
teatralmente a bordo de un portaaviones que la "guerra había
terminado". En efecto, en unas cuantas semanas se había
ya producido la invasión y el dominio militar de Irak y Saddam
Hussein, el "enemigo público Nº 1" de Estados
Unidos y la humanidad, estaba en las catacumbas y desaparecido.
Como estaban
y siguen "desaparecidas" sus armas de "destrucción
masiva", que fueron el pretexto publicitario más visible
para desatar la guerra. Ya vemos el costo político que esa
imaginería ha tenido para el gobierno de Tony Blair en Gran
Bretaña y que comienza a tener para George W. Bush en Estados
Unidos, y cuyas consecuencias para su futuro político no
resultan fáciles de prever.
El hecho es
que en la práctica la "guerra no ha terminado",
como lo proclamó Bush, y que la apariencia en el primer momento
de la victoria como una desbandada final de las fuerzas de Saddam
Hussein, con el tiempo se ha ido manifestando, al contrario, como
una obstinada lucha de resistencia de muchos iraquíes contra
del invasor.
No tendría
los elementos suficientes para decir si la resistencia proviene
exclusivamente de los anteriores cuadros del ejército de
Saddam Hussein; el hecho es que esa resistencia paulatinamente se
muestra más organizada y con mayores recursos militares.
Probablemente se trata de una combinación de los restos del
ejército de Saddam que han pasado a la clandestinidad con
otros elementos decididos a una lucha patriótica contra la
potencia ocupante. La circunstancia es que las varias decenas de
liquidaciones del ejército invasor, que superan ya la cifra
de los muertos estadounidenses en la Guerra del Golfo de 1991, hacen
presumir una resistencia que va en aumento y no en declive.
La Associated
Press informó que, hasta el día de ayer, 273 soldados
estadounidenses han muerto desde que comenzaron las operaciones
militares en Iraq. El gobierno británico ha informado de
48 decesos y Dinamarca, de uno.
Un "nuevo
Vietnam" en Irak, algunos declaran ya. En todo caso, las pérdidas
en vidas humanas y en prestigio político para el gobierno
Bush se incrementan aceleradamente, hasta el punto en que el propio
presidente "invita" ya a otros países de la comunidad
internacional a enviar tropas para mantener el "orden"
y la "paz" en territorio iraquí. Bush desea minimizar
sus pérdidas, sobre todo en vidas, y se propone hacer partícipes
a otros en los números rojos de la invasión y no en
sus beneficios, que exclusivamente corresponden a las empresas estadounidenses,
que se han adjudicado ya los grandes negocios de la ocupación
(la reconstrucción de Irak, las utilidades de la explotación
y distribución de sus pozos petroleros, el complejo militar-industrial).
Robert Fisk,
(The Independent, 20 agosto, 2003), reflexiona que en realidad el
ataque a las oficinas de la ONU en Bagdad fue un ataque a Estados
Unidos y a su capacidad de controlar a Irak, "ya que prueba
que ninguna organización internacional, ni negociantes ni
inversionistas, pueden estar a salvo en ese país bajo la
ocupación estadounidense". Si a ese ataque se suman
los sabotajes a los oleoductos y a los sistemas eléctricos
y de distribución del agua, se nos mostraría que la
resistencia ha decidido que ningún colaboracionista directo
o indirecto con el invasor está a salvo en Irak.
¿El fondo
de la cuestión para la resistencia? Drenar la autoridad de
los invasores y desbaratar sus planes de "reconstrucción"
material y política desde fuera, es decir, como fuerzas de
ocupación colonial. El mismo Robert Fisk nos recuerda los
ataques mortales que han tenido en las últimas semanas trabajadores
de la Cruz Roja Internacional, un contratista estadounidense muerto
en Tikrit hace una semana así como el periodista británico
de Reuters. "¿Alguien querrá invertir ahora en
Irak, cuando no pudieron ser protegidos suficientemente los enviados
de la ONU? ¿Alguien querrá apostar por el futuro de
la democracia en Irak?", se pregunta el propio Fisk.
La ONU ha dejado
de ser un factor decisivo en la configuración política
del mundo. El hecho es que su papel ha sido dramáticamente
reducido. ¿Podrá reponerse de esta marginación
que se le ha impuesto de los hechos fundamentales de la política
internacional? Muchas cosas deberán cambiar en el mundo.
Y en ese cambio muchos esperan todavía - esperamos- que la
Asamblea General enseñe también el rostro de los pueblos
a quienes de alguna manera representa. ¿O la organización
es ya un definitivo rehén de la potencia imperial? Los graves
interrogantes sobre su futuro constituyen uno de esos acertijos
que solo la historia -y la acción de los pueblos- podrá
descifrar un día.
|