| Naciones
Unidas ha capitulado
Por Tariq Alí
The Guardian, 24 de mayo de 2003
Ya no sorprende,
el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas capituló por completo,
reconoció la ocupación de Irak y aprobó la
recolonización emprendida por Estados Unidos y su sanginario
ayudante británico. El mea culpa de la ''comunidad internacional''
ocurrió en el momento oportuno. El 23 de mayo los ejecutivos
principales de más de mil compañías se reunieron
en Londres para la cosecha, en la resolana del restablecido consenso
que propicia el paraguas gigantesco de Bechtel, la compañía
constructora favorita del imperio estadunidense. Una pequeña
porción del botín habrá de repartirse.
Entonces, ¿dónde
quedó la caldeada retórica de Europa contra Estados
Unidos? Berlusconi en Italia y Aznar en España -los dos gobiernos
más derechistas de Europa- fueron los socios adecuados para
Blair, mientras los estados de Europa del este, confiriendo un sentido
nuevo al término "satélite", del que tanto
tiempo disfrutaron, se formaron en la fila tras de Bush.
Francia y Alemania,
por otra parte, protestaron durante meses, alegando estar en total
oposición a un ataque estadunidense a Irak. Que Schroeder
haya podido relegirse, pese al poco margen con que lo logró,
se debió a su promesa de no apoyar una guerra contra Bagdad,
aun cuando la autorizara Naciones Unidas. Chirac - contando con
veto en el Consejo de Seguridad- fue incluso más vociferante,
declarando que ningún asalto no autorizado contra Irak sería
aceptable para Francia.
Juntos, París
y Berlín presionaron a Moscú para que expresara también
su desacuerdo con los planes estadunidenses. Incluso Pekín
emitió algunos cautelosos gruñidos de objeción.
Las iniciativas francogermanas levantaron tremenda emoción
y consternación entre los comentaristas de la diplomacia.
No hay duda, aquí ocurrió un deslizamiento sin precedentes
de la alianza atlántica. ¿Qué habría
sido de la unidad europea, de la OTAN, de la "comunidad internacional"
misma si esa desastrosa división persistía? ¿Habría
sobrevivido el concepto mismo de Occidente?
Tales aprensiones
fueron mitigadas con prontitud. Apenas iluminaban el horizonte nocturno
de Bagdad los primeros misiles tomahawk y los primeros civiles iraquíes
eran segados por los marines, ya Chirac se apresuraba a explicar
que Francia garantizaría un cruce fluido de los bombarderos
estadunidenses por su espacio aéreo (algo que no hizo, siendo
primer ministro, cuando Reagan atacó Libia), y deseó
"un raudo éxito" a las fuerzas armadas estadunidenses
en Irak. El primer ministro alemán (verde cadavérico),
Joschka Fischer, anunció que también su gobierno esperaba
sinceramente un "rápido colapso" de la resistencia
ante el ataque angloestadunidense. Putin, no hay que menospreciarlo,
explicó a sus compatriotas que "por razones económicas
y políticas", lo único que podía hacer
Rusia era desear una victoria decisiva de Estados Unidos en Irak.
Washington no
está satisfecho todavía. Quiere castigar a Francia
aún más. Por qué no un fustigamiento ritual,
público, transmitido en vivo por la cadena de televisión
Murdoch. Un humillado y mediocre señor feudal (Chirac) que
se hincara mientras la princesa imperial (Condoleezza Rice) le administra
latigazos. Entonces los líderes de un norte reunificado se
relajarían y seguirían haciendo negocios en torno
a lo que les sale mejor: saquear el sur. La expedición a
Bagdad se planeó como el primer lance de una nueva postura
imperial. Qué mejor demostración del viraje hacia
una estrategia más ofensiva que hacer de Irak un ejemplo.
Tal vez no haya
una única razón que explique la selección de
Irak como objetivo, pero no hay misterio en que hubo un gran margen
de cálculos previo a los ataques. Económicamente Irak
posee las segundas reservas más grandes de petróleo
barato del mundo. La decisión que tomó Bagdad en 2000
-facturar sus exportaciones en euros y no en dólares- entrañaba
el riesgo de que Hugo Chávez en Venezuela y los mullahs iraníes
también lo hicieran. La privatización de los pozos
iraquíes, bajo control estadunidense, ayudaría a debilitar
a la Organización de Países Exportadores de Petróleo.
Estratégicamente,
la existencia de un régimen árabe independiente en
Bagdad ha sido siempre causa de irritación para los militares
israelíes. Con el posicionamiento de los fanáticos
republicanos cercanos al partido Likud israelí en puestos
claves del gobierno estadunidense, la eliminación de un adversario
tradicional se volvió un objetivo inmediato muy atractivo
para Jerusalén. Por último, así como el uso
de armas nucleares en Hiroshima y Nagasaki fue alguna vez una demostración
extrema del poderío estadunidense ante la Unión Soviética,
también hoy la blitzkrieg, la guerra relámpago que
barrió Irak, serviría para mostrar al mundo en general
que -cuando las cartas están sobre la mesa- Estados Unidos
tiene, a fin de cuentas, con qué hacer que se cumplan sus
deseos.
Naciones Unidas
adosó ya su aprobación retrospectiva a un ataque preventivo.
Por lo menos su malhadada predecesora, la Liga de las Naciones,
tuvo la decencia de colapsarse después de que su programa
fue violado en serie. Son los porristas en favor de la guerra quienes,
sin compungirse, trazan analogías con la blitzkrieg de Hitler
en los 40. Así, Max Boot escribe en The Financial Times:
"En 1940, los franceses combatieron arduamente... al principio.
Pero a la larga la rapidez y ferocidad del avance germano los condujo
al colapso total. Lo mismo ocurrió en Irak". Lo que
sucedió en Francia después de 1940 debería
callarles la boca a estos entusiastas.
La falta de
una bienvenida espontánea de los chiítas y la fiera
resistencia inicial a cargo de tropas irregulares hizo surgir la
teoría de que los iraquíes son un "pueblo enfermo"
que requiere un tratamiento prolongado antes de que pueda confiársele
su propio destino (si alguna vez viene al caso). Esa es la línea
tomada por David Aaronovitch en The Observer. De igual modo, George
Mellon en The Wall Street Journal advierte: "Irak no se recuperará
pronto del terror ejercido por Saddam. Después de más
de 30 años de un dominio equivalente a Asesinos SA, la de
Irak es una sociedad muy enferma". Desarrollar un "sociedad
ordenada" y revitalizar (privatizar) la economía tomará
su tiempo, insiste. En la primera plana del Sunday Times, el reportero
Mark Franchetti cita a un funcionario estadunidense: "los iraquíes
son un pueblo enfermo y nosotros somos la quimioterapia. El cabo
Ryan Dupre lo dijo claro: 'empiezo a odiar este país. Esperen
a que agarre a un jodido iraquí. No, no lo agarraría,
sólo lo mataría'". No es casual que la teoría
de la "sociedad enferma" comience a asumir mayor sofisticación,
pero queda claro que en estos territorios recientemente ocupados
los pretextos a la mano son una mezcla de Guantánamo y Gaza.
Si
resulta inútil mirar hacia Naciones Unidas o a Europa, no
digamos hacia Rusia o China, en busca de algún obstáculo
serio a los designios estadunidenses en Medio Oriente ¿dónde
comienza la resistencia? Primero que nada, naturalmente, en la región
misma. Ahí, es de esperar que los invasores de Irak sean
expulsados tarde o temprano del país por una creciente reacción
nacional ante el régimen de ocupación que instalen,
y que sus colaboradores corran la misma suerte que el anterior primer
ministro iraquí, Nuri Said. Más temprano que tarde
habrá de romperse el cerco de corrupción y tiranías
brutales en torno a Irak. Si acaso existe un área donde pudiera
resultar equivocado el cliché de que las revoluciones clásicas
son cosa del pasado, tal región sería el mundo árabe.
El día en que los Mubarak, los hashemitas, los saudíes
y otras dinastías sean barridas por la ira popular será
el fin de la arrogancia estadunidense -y la israelí- en la
región.
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