| Irak:
La ironía de la Historia
Por James Petras
Rebelión, 10 de abril de 2003
Entre las mentiras y distorsiones más insidiosas que los
regímenes de Bush y Blair y sus medios de comunicación
de masas han inventado para justificar esta guerra genocida está
la idea de que el pueblo iraquí acogería a los invasores
como liberadores y que (especialmente los chiítas) se sublevarían
para derribar el régimen de Saddam Hussein. Cuando nada de
eso ocurrió –la población iraquí es hostil
a los invasores– la campaña de los medios de comunicación
angloamericanos dijo que se debía a su miedo al ejército
iraquí, a los mandos del partido Baaz y a la milicia local.
Los medios siguieron describiendo al pueblo iraquí como ‘aterrorizado’
por Saddam Hussein y esperando a que EEUU destruyese su régimen
antes de expresar sus ‘verdaderos sentimientos’ de gratitud
a los invasores, sus tanques, misiles y bombas de fragmentación.
La teoría de los medios occidentales y de los generales y
políticos angloamericanos era que había una distancia
insalvable entre Saddam Hussein, el Estado iraquí y el ‘pueblo’,
lo que llevaría a un colapso del ejército, una vez
que las fuerzas armadas angloamericanas conquistasen las ciudades
y pueblos. El registro histórico y la realidad empírica
refuta todas las propuestas del mando militar de EEUU.
Primero, la guerra no condujo a ninguna división ni abandono
dentro de las Fuerzas Armadas o entre los dirigentes políticos
de Irak, pese a que las unidades militares estaban descentralizadas
y frecuentemente aisladas del mando de Bagdad.
Segundo, no hubo ningún levantamiento popular contra el régimen
iraquí durante los primeros días de la invasión
estadounidense ni cuando los invasores entraron en las ciudades.
Por el contrario, la resistencia más eficaz y consistente
en el sur de Irak contra esos invasores fue la milicia popular y
las fuerzas guerrilleras que incluían, en su mayoría,
a civiles y ciudadanos desconectados con la Guardia Republicana
Especial o el ejército regular.
El tremendo bombardeo de Basora y el asedio británico de
la ciudad se debieron a que los ciudadanos, la milicia y los soldados
lucharon juntos –no por la coacción de Saddam Hussein–
sino porque eran patriotas iraquíes defendiendo a sus familias,
sus comunidades y su nación de los invasores genocidas. Cualquier
oposición al régimen que pueda haber existido, desapareció
ante el bombardeo masivo, el asesinato y la mutilación de
miles de niños, mujeres, ancianos y ciudadanos normales iraquíes.
La ‘guerra total’ de Rumsfeld unió a los distintos
sectores políticos y sociales de la población iraquí
en pueblos, ciudades y villas. Campesinos ancianos disparaban a
los convoyes, mujeres embarazadas atacaban a los marines de EEUU,
los adolescentes disparaban a los helicópteros desde los
tejados de las casas… En el sur de Basora, Al-Najaf y grandes
zonas de Al-Nasiriya no han sido tomadas, pese a semanas de bombardeo
aéreo y artillero. Las fuerzas invasoras angloamericanas,
al encontrarse con hostilidad y rechazo generales, han comenzado
a disparar indiscriminadamente contra hombres y mujeres jóvenes
con sus grandes ropajes flotando al viento por llevar el tipo incorrecto
de calzado, y a las mujeres con sus grandes ropajes; sobre todo,
el mando general ordenó a las fuerzas aéreas que usasen
bombas de fragmentación para diezmar a la población
urbana.
La milicia local no son simplemente activistas del partido Baaz,
sino que son principalmente iraquíes apolíticos furiosos
por la muerte y la mutilación de amigos y familias, la destrucción
de viviendas, escuelas, fábricas, oficinas y sus medios de
vida. Los activistas del partido Baaz se mezclan con miles de voluntarios
de barrios pobres y exiliados de clase media que han regresado para
luchar por la nación iraquí.
Las distinciones que los medios de comunicación occidentales
hacen al describir la resistencia iraquí son falsas --bajo
las condiciones de una guerra genocida-- porque las bombas y los
misiles no hacen distinciones en sus ataques asesinos.
Los medios de comunicación de masas de los Estados occidentales
describen a Saddam Hussein como un ‘dictador’, un tirano,
un ‘Hitler’ que es odiado por su pueblo. Eso podría
haber sido verdad entre algunos sectores de la población
antes de la Guerra, pero ante el bombardeo terrorista angloamericano,
la ocupación de los pozos petrolíferos, la ocupación
del país y la destrucción de los suministros de agua,
electricidad y alimentos, el rechazo y la resistencia de Saddam
Hussein le ha convertido en un héroe popular nacional.
Muchos periodistas occidentales progresistas bienintencionados siguen
intentando ‘equilibrar’ su descripción de las
atrocidades angloamericanas con la continua referencia a los crímenes
de Saddam Hussein de hace una o dos décadas atrás
como si su pecado original aún le define a él y a
su identidad política actual, en medio de una guerra contra
los invasores coloniales.
Estos reporteros progresistas no pueden aceptar que un político
como Saddam Hussein (incluso uno que ha cometido graves delitos
en el pasado), se redima y se redefina en las nuevas circunstancias:
que, lejos de ser un criminal de Guerra, está comprometido
a luchar contra el genocidio; de ser un cliente de EEUU contra Irán,
se ha convertido en un líder de una revitalización
del movimiento panárabe que pretende derribar a los regímenes
corruptos clientes de EEUU en Oriente Medio. La Historia funciona
de modos extraños. Hoy día, no teme lavarse las manos
de los ‘dobles demonios’ Rumsfeld lanzando bombas sobre
ciudadanos civiles y el dictador Saddam Hussein armando a todo el
pueblo y quedándose solo entre los dirigentes árabes
para defender a la nación árabe contra la recolonización.
En la película ‘La batalla de Argel’, un joven
ladronzuelo encarcelado por las autoridades coloniales francesas
es puesto en libertad y se incorpora al Frente de Liberación
Nacional, convirtiéndose en un líder de la resistencia
anticolonialista y en un héroe de las masas argelinas. La
máquina propagandística estatal colonial preferiría
haberle descrito como parte de la ‘conspiración criminal-terrorista’
por desafiar los símbolos y la presencia de los colonos franceses.
Para el pueblo colonizado, fue visto como un símbolo heroico
de la nación resistiendo a los invasores y a los bombardeos,
un hombre que, en el transcurso de su lucha, se ha transformado
de ser un ladronzuelo, en un héroe popular … Es posible,
quizá igualmente, que ha ocurrido también con Saddam
Hussein: no ha huido, no se ha rendido, no se ha marchado al exilio,
ha permanecido en Bagdad y se ha quedado para luchar pese al bombardeo
terrorista, día y noche, y a un cuarto de millón de
invasores que buscan su cabeza. No nos equivoquemos, Saddam puede
personificar la resistencia nacional para mucha gente, pero para
la mayoría de los iraquíes que luchan contra los tanques
Abram, los helicópteros Cobra y los bombarderos B52 de EEUU,
armados con poco más que fusiles y lanzagranadas, la lucha
es por objetivos que transcienden a Saddam Hussein: están
luchando por su país, por su nación, sus cinco mil
años de civilización y por su dignidad como un pueblo
independiente.
Por eso, millones de iraquíes están resistiendo a
los invasores, mujeres embarazadas y jóvenes siguen atacando
a los ejércitos ocupantes. Eso es algo que todos los expertos
del Pentágono, los comentaristas de los medios de comunicación
de masas y los asesores israelíes no podrían comprender
y no lo entenderán: esas fuerzas pueden conquistas pero nunca
gobernarán. Un pueblo orgulloso e independiente luchará
al lado de un tirano nacional convertido en líder valiente
contra un invasor conquistador y asesino.
En los años venideros, los investigadores expertos en Oriente
Medio quizá escriban sobre la gran ironía de la Historia,
que democracias occidentales autoproclamadas cometieron crímenes
contra la Humanidad mientras, un dictador único resistió
y defendió a su pueblo en medio de los escombros ardiendo
de una antigua ciudad devastada. Será más reverenciado
muerto que vivo, por lo que defendió finalmente, y no por
su pasado.
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