| Una
marea de voces protesta por segunda vez en un mes en las calles
del mundo
GARA
17
de marzo del 2003
Desde Milán hasta Melbourne, pasando por las calles de la
ocupada Hebrón, cientos de miles de personas salieron a la
calle para advertir al eje de la guerra contra sus planes en Irak.
Italia y el Estado español albergaron las marchas más
multitudinarias. En la «Vieja Europa», las protestas
coincidieron con los preparativos de una nueva jornada histórica
de rechazo a la guerra para el día que comiencen los bombardeos.
Hubo protestas en los continentes asiático y oceánico.
En la africana Túnez, el Gobierno permitió una manifestación
pero «a puerta cerrada». La desgracia del pueblo árabe.
Por segunda
vez en un mes, y en pleno impasse diplomático que ha forzado
al eje de la guerra a improvisar una cumbre en medio del Atlántico,
millones de personas volvieron a salir a la calle para protestar
contra una guerra anunciada.
De la mano del
sindicato mayoritario italiano (CGIL), cientos de miles de personas
(400.000 o más de 700.000 según las fuentes) colapsaron
las calles de la industriosa Milán.
Fue la más
multitudinaria de las múltiples citas que tuvieron lugar
en el país gobernado por un ultimamente muy silencioso pro
guerra Silvio Berlusconi.
Las calles de
las principales ciudades españolas, con Madrid a la cabeza
(120.000 según la cicatera Delegación del Gobierno),
volvieron a exigir a su presidente, José María Aznar,
que abandone su alineamiento entusiasta con los planes de invasión
de Bush. Los convocantes cifraron en más de 300.000 los manifestantes
en Zaragoza.
En Catalunya,
una cadena humana (300.000 personas, según el Consistorio)
escenificó en Barcelona el abrazo entre el consulado USA
y la sede del PP.
En Galiza, más
de 300.000 personas salieron a la calle, la mitad de ellas en Vigo.
El Estado francés
acogió un centenar largo de manifestaciones, la más
numerosa en la capital, con cerca de 100.000 personas. 50.000 más
hicieron lo propio en Bruselas, entre ellas varios ministros belgas.
En Londres,
5.000 musulmanes protagonizaron una peculiar «ruta de las
embajadas» árabes, para denunciar la pasividad de sus
gobiernos.
La capital británica
se prepara para otra protesta que se perfila tanto o más
multitudinaria que la del 15-F, esta vez cuando comience el ataque,
y con una meta: el Parlamento.
Hubo marchas
y, en su caso, concentraciones ante embajadas USA, en Moscú,
Copenhague, Estocolmo y en un sinfín de ciudades de la «Vieja
Europa» que tanto aborrece el jefe del Pentágono, Rumsfeld.
En el continente
asiático, más de 100.000 yemeníes salieron
a las calles de la capital, Sana. Miles de personas hicieron lo
propio en Turquía, Líbano, Egipto, e incluso en la
Cisjordania ocupada, concretamente en Hebrón, donde cientos
de mujeres enviaron un mensaje de solidaridad a las «hermanas
iraquíes». En una muestra de justamente lo contrario,
el «democrático» Gobierno tunecino autorizó
una manifestación pero a puerta cerrada, para «evitar
acciones irrelevantes».
En Australia,
los manifestantes salieron en masa, sobre todo en Sydney y Melbourne.
Hubo protestas en Japón. En EEUU, Washington abrió
la jornada con la primera del centenar de concentraciones, frente
a la Casa Blanca. San Francisco y Los Angeles tomaban el testigo.
Testigo por la paz.
Clamor en Irak:
con Saddam «hasta la victoria o la muerte»
Cientos de miles
de partidarios de Saddam Hussein se manifestaron ayer en Irak y
corearon lemas de guerra, convocados por las autoridades en favor
de la paz. Enarbolando armas de fuego, sables, pancartas, fotos
del líder iraquí, banderas de Irak y ramas de palmera,
símbolo del país, los manifestantes proclamaron a
voz en grito que «entregaremos nuestra sangre y nuestra alma
por Saddam».
En Bagdad las
movilizaciones se iniciaron en puntos de encuentro no fortuitos;
la primera en la calle Palestina y la segunda en la del 14 de Ramadan,
fecha del golpe de Estado que en 1963 llevó por primera vez
al poder al Baaz.
Además
de militantes con el traje verde de esa formación política,
dirigida por Saddam Hussein, a la convocatoria acudieron jóvenes,
muchos de ellos pertrechados con armas automáticas, beduinos,
mujeres y niños con uniforme escolar.
«Bush,
Bush, escucha bien, todos queremos a Saddam», corearon los
manifestantes. «Si vienen los americanos lucharemos contra
ellos, ninguno traicionaremos a Saddam. Yo estoy dispuesto a morir
por el rais (presidente)», dijo Mohamed, un adolescente que
llevaba colgada del brazo una escopeta de caza. «Amamos a
Saddam y no le dejaremos sólo hasta lograr la victoria o
la muerte», afirmó un funcionario que portaba una pistola.
Entretanto,
el presidente del Comité de Dirección Religiosa, jeque
Ali Husein Al Jibouri, instruye a los imanes de los templos para
que «acojan a los heridos de guerra y transformen las mezquitas
en centros médicos».
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